Mujeres al frente de los cuidados: la importancia de la conciliación y la corresponsabilidad

Mujeres al frente de los cuidados: la importancia de la conciliación y la corresponsabilidad
11 mayo 2020 Jessica Murillo

Este lunes 11 de mayo arranca la primera fase de la desescalada para más de la mitad de la ciudadanía española. En esta fase se introducirán más medidas para aliviar el confinamiento. Así, por ejemplo, se permite abrir las terrazas, hoteles, bibliotecas, museos y algunos locales comerciales. Esto significa que varias personas volverán a sus empleos. No obstante, el Gobierno de España sigue fomentando la opción del teletrabajo siempre que sea posible.

Sin embargo, sigue siendo preciso preguntarse qué va a pasar con la conciliación entre el empleo y el cuidado del hogar y la familia. Hasta ahora, son las mujeres quienes se encuentran al frente de los cuidados, tanto en el ámbito profesional como en el doméstico. Un hecho que les cuesta su salud y su vida profesional.

La perspectiva de género, esencial en la respuesta a la covid-19

Es por ello, que el Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades ha elaborado un informe en el que analiza el impacto de las crisis sobre las mujeres. En él ha denunciado el incremento del riesgo de sufrir violencia de género y otras formas de violencia contra las mujeres en el periodo de confinamiento. Además, visibiliza la mayor precariedad y la sobrecarga del trabajo de los cuidados.

perspectiva de género en el covid-19

El Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades denuncia la sobrecarga de cuidados en las mujeres

Entre las principales conclusiones, ve imprescindible aplicar la perspectiva de género en las medidas de contención del virus. Una de las más importantes es el reparto de cuidados y la necesidad de que formen parte de la estrategia social y económica de los estados.

La mayoría del personal sanitario y de cuidados son mujeres

Multitud de estudios muestran que las cargas de cuidados son soportadas en su mayoría por las mujeres. Ellas representan el 66% del personal sanitario: El 51% en medicina, el 84% en farmacia, el 83% en psicología y el 84% del personal de las residencias. A ello hay que añadir otros empleos feminizados como los comercios de alimentación, la limpieza, lavandería y cocina de hospitales y residencias, así como el servicio doméstico.

mujeres en línea de batalla

En España, según la EPA, las mujeres representan la mayoría del personal sanitario.

La división sexual del trabajo que asigna a las mujeres el rol de cuidados las sitúa en la primera línea de respuesta a la enfermedad. El contacto directo con las personas afectadas por coronavirus implica un mayor riesgo de contagio en ellas. Así lo señala el Informe sobre la situación de COVID-19 en personal sanitario en España, elaborado por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), a través de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE), que afirma que el 76 % del personal sanitario contagiado por COVID-19 en España son mujeres.

Además, la enorme presión de estos trabajos genera consecuencias en su salud física y mental. A ello se une que estos sectores feminizados suelen ser los más precarios por las jornadas, los salarios y las condiciones laborales. Algunos de esos empleos se encuentran incluso en la economía informal. Por ende, corren más riesgo de despidos y de pobreza.

Las empleadas de hogar comienzan a cobrar el subsidio temporal

Es el caso de las empleadas de hogar, cuyo régimen social tiene una menor cobertura de protección. En la mayoría de las ocasiones no cuentan con contrato ni prestación por desempleo. En este sentido, sindicatos y asociaciones de empleadas del hogar celebran que se haya previsto un subsido extraordinario en caso de desempleo. La medida las equipara con cualquier otra persona afectada con un ERTE.

Las familias monomarentales

El peligro es mayor aún para las familias monomarentales. Según Save the Children, el riesgo de pobreza de las familias monomarentales es de más del 50%, y el 52% de esas familias se encuentran excluidas del mercado laboral o extremadamente precarizadas. Datos que no son de extrañar si tenemos en cuenta que la precarización es mayor en las mujeres, expuestas a mayores tasas de paro, temporalidad y subempleo.

Sin corresponsabilidad, el teletrabajo puede ser una sobrecarga

Todos estos datos dejan constancia de que son las mujeres quienes se encuentran en la primera línea de respuesta del Covid-19. Pero no solo profesionalmente. También en los cuidados del ámbito doméstico. Las cifras alertan de que el 70% de estas funciones son realizadas por las mujeres.

“En muchos hogares, con la presencia de ambos progenitores en casa, puede que haya una corrección momentánea en la redistribución de las tareas doméstica y del cuidado de menores, pero eso no supone que las mujeres dejen de ser las principales responsables”, alerta Beatriz Gimeno, directora del Instituto de la Mujer.  Y añade: “No se pueden tomar medidas que obvien que alguien tiene que seguir cuidando”.

Ellas siguen siendo las que más se esfuerzan

Precisamente, debido al cierre de los colegios y los centros de día, muchas mujeres se han visto obligadas a dejar sus trabajos para cuidar a mayores, menores y personas dependientes en estos días de confinamiento. Este hecho ha conllevado a una mayor precarización, así como a graves consecuencias en su salud física y mental debido a la sobrecarga de las tareas de cuidado. Una sobrecarga que es mayor para aquellas que tienen que compatibilizar el teletrabajo con el cuidado del hogar y la familia. En estos casos, si no existe corresponsabilidad, el teletrabajo se puede convertir en una trampa. Muchas de ellas trabajan y a la vez están cuidando. Incluso se encargan del seguimiento escolar de sus hijas e hijos, lo que supone una carga extra de estrés y ansiedad.

Como resultado, las mujeres tienden a buscar su propio espacio de concentración y silencio durante la madrugada, bien sea retrasando el momento de ir a la cama o levantándose antes que el resto de miembros de la familia. En consecuencia, se sienten más cansadas ya que trabajan todo el día sin desconexión. El autocuidado brilla por su ausencia.

teletrabajo

A ello hay que añadir las primeras observaciones de una investigación lanzada por Empar Aguado y Cristina Benlloch, profesoras del Departamento de Sociología de la Universidad de Valencia, que explica que muchas mujeres no solo teletrabajan y a la vez realizan tareas de cuidado, sino que en ocasiones intentan facilitar que sus parejas trabajen o teletrabajen. Esto suele ser así cuando los horarios de trabajo de la pareja son rígidos y no se permiten interrupciones.

Los hechos son preocupantes, no solo por el efecto que esta distribución desigual de los cuidados tiene ya sobre la vida de las mujeres, sino por el impacto futuro que esto pueda tener ante retroceso de los derechos de las mujeres.

La importancia de la perspectiva de género

Esta sobrecarga del trabajo de los cuidados en las mujeres debe ser tenida en cuenta en el abordaje de la crisis del coronavirus. Por eso es recomendable la inclusión de un análisis desde la perspectiva de género de la emergencia sanitaria que reconozca el papel que están teniendo las mujeres. Este enfoque es fundamental para no agravar las consecuencias económicas y sociales de las desigualdades de género.

La falta de conciliación y corresponsabilidad

La solución no es sencilla. En una situación “normal” el teletrabajo tiene muchos aspectos positivos, pero para que sea una herramienta exitosa debe estar regulado desde la perspectiva de género y la conciliación.  En este sentido, no podemos hablar del teletrabajo como medida de conciliación sin un reparto equilibrado de la carga de cuidados entre mujeres y hombres. Tampoco sin la implicación de toda la sociedad en la toma de conciencia de la falta de corresponsabilidad como un problema público. Como tal, es imprescindible la responsabilidad de los poderes públicos a la hora de establecer servicios públicos y de atención a la dependencia.

Las empresas también tienen un papel esencial en el fomento de las medidas de conciliación corresponsable para mujeres y hombres, flexibilización horaria, empleos estables y con horarios más cortos…

Por supuesto, también es fundamental someter el teletrabajo a la negociación colectiva, promoviendo su regularización con los tiempos de descanso, el calendario laboral, las jornadas, los medios técnicos… Algo que los sindicatos llevan semanas advirtiendo. “El teletrabajo se ha puesto en marcha masivamente como una medida excepcional para un momento de crisis. Cuando acabe esta excepcionalidad debe ser regulado», afirma Elena Blasco Martín, secretaria confederal de mujeres e igualdad de CC.OO.


Jéssica Murillo, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género

 

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