La conciliación corresponsable en tiempos de Coronavirus

La conciliación corresponsable en tiempos de Coronavirus
18 marzo 2020 Jessica Murillo
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La pandemia del Coronavirus llegó casi sin avisar y puso patas arriba al mundo entero. También al ámbito del empleo, la conciliación y la corresponsabilidad.

Para impedir su propagación y controlar la transmisión del COVID-19, pronto se cerraron los centros educativos, pero los centros de trabajo seguían abiertos. Fue entonces cuando saltó la alarma: ¿qué hacer con las y los niños pequeños en casa? Las abuelas, que solían ser la solución más socorrida, dejaron de serlo, ya que suponen el grupo de mayor riesgo.

Días después, el gobierno central aportó una serie de recomendaciones para flexibilizar las jornadas laborales e impulsar el teletrabajo. Eso sí, siempre que fuera posible. El dilema es cómo hacerlo y qué alternativas hay cuando no es viable.

El escenario de contención reforzada por el Coronavirus ha revelado que, si empleo y cuidado ya eran difíciles de conjugar, ahora mucho más, ya que, además, son tareas simultaneas. Esto dificulta llevarlas acabo de la manera más óptima. A ello se suma la falta de tiempo para el autocuidado.

Unos trabajos, el remunerado y el gratuito, que lo están haciendo de manera más abrupta las mujeres, lo que suponen graves consecuencias para su salud física y psicológica, donde, en esta última, entra en juego la carga mental.  

conciliación

La evidencia de la falta de conciliación

Las medidas excepcionales para prevenir la expansión del Coronavirus han dejado en evidencia la falta de hábito que tiene nuestro país para incorporar medidas de conciliación. Todo son dificultades porque hay una falta de costumbre generalizada en temas de conciliación por parte de las empresas y que se ha evidenciado en los últimos días.

Nunca se ha puesto el foco de modo serio en lo que supone las responsabilidades de los cuidados, ya que es más fácil dejarlas a las espaldas de las mujeres que hacen este trabajo de modo gratuito.

Una de las soluciones a las que más se ha recurrido ha sido el teletrabajo. El problema es que la recomendación de teletrabajar no es extensible a todos los trabajos. Eso hace que se recurra a otras personas, la mayoría mujeres, para ejercer el papel de los cuidados, pero, ¿qué otras posibilidades hay para conciliar en una emergencia sanitaria como esta?

Opciones legales de conciliación para quienes no pueden teletrabajar

En estos casos, la flexibilización de la jornada o, en casos en los que los cuidados recaigan en una sola persona, el permiso por deber público e inexcusable, son algunas de las soluciones posibles. Este se encuentra en el Estatuto de los Trabajadores en su artículo 37.3 d). Establece el derecho del personal a ausentarse del trabajo con derecho a remuneración por «el cumplimiento de un deber inexcusable de carácter público y personal». Este derecho es el que solemos utilizar para ejercer el derecho a voto, asistir a juicios o exámenes. Aunque ninguno de estos instrumentos está pensado como tal para una crisis como la del Coronavirus, la situación extraordinaria hace que puedan interpretarse para que, al menos, sirvan como parte de la solución. Depende de la interpretación de la judicatura.

Solicitar vacaciones, libranzas o licencias sin sueldo es otra posible alternativa, pero no es lo más recomendado.

También cabe la posibilidad de solicitar una reducción temporal de jornada. En este caso se puede modificar un contrato a tiempo completo por otro a tiempo parcial. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la retribución se adaptará a esa nueva circunstancia a no ser que se negocie con la empresa la posibilidad de mantener el sueldo y recuperar las horas más adelante.

Otra opción es la de adaptar el horario laboral por la emergencia sanitaria. El artículo 34 del Estatuto de los Trabajadores permite adaptar la duración y la distribución de la jornada de trabajo para hacer efectivo el derecho a la conciliación. Esto supone que la madre podría tener turno de mañana y el padre de tarde para poder atender a los hijos o que ambos modificaran el horario de entrada o de salida, sin reducir su jornada.

Además, se puede recurrir a una excedencia. Es decir, el contrato se suspende de mutuo acuerdo, lo que supone dejar de percibir el salario. Lo mismo pasa con las licencias sin sueldo, pero en este caso sí se mantiene el alta y la cotización a la Seguridad Social.

El teletrabajo

En los casos en los que sí es posible el teletrabajo, no siempre puede llevarse a cabo en óptimas condiciones cuando, además, hay que atender a las niñas y niños en casa durante todo el día.

El trabajo a distancia se define en el artículo 13 del Estatuto de los trabajadores. El mismo recoge que son las empresas quienes tienen que facilitar a la plantilla los medios necesarios para ejercer su trabajo. Sin embargo, no está previsto trabajar y cuidar a un menor de forma simultánea. En el tiempo de trabajo se deberá prestar el servicio de forma exclusiva, sin compatibilizarlo con otra actividad.

teletrabajo

trabajar desde casa es beneficioso para la empresa, la igualdad y la conciliación laboral

Eso es lo que estipula el Estatuto de los Trabajadores, pero ahora las empresas lo han implementado para evitar contagios. Es decir, como una situación excepcional. Dicho de otro modo, lo llaman teletrabajo, pero no lo es. Sobre todo, si tenemos en cuenta que las y los niños se pasan el día encerrados, con un estado de nervios superior al normal.

A ello se suma la preocupación gestionar las tareas del empleo, con las del hogar, los deberes online y el entretenimiento de la infancia. ¿Dónde queda el tiempo del autocuidado?

Algunos consejos

Es importante que ahora, y siempre, las tareas del cuidado estén repartidas y no recaigan exclusivamente en las mujeres. También es fundamental establecer un horario y lugar definido y para trabajar, con los respectivos descansos. Y que las y los niños tengan también sus rutinas.

El coronavirus, en definitiva, va a ser la prueba de oro para testar que se pueda trabajar sin acudir presencialmente a la oficina, sobre todo en el sector servicios y oficinas centrales de las grandes corporaciones.

Es por eso que también hay que contemplar otras posibilidades complementarias para el buen funcionamiento de estas medias. Algunas personas expertas hablan de la importancia de que el reparto de las tareas sea corresponsable entre las administraciones, las empresas y las familias. Especialmente para que no crezcan las desigualdades de género y recaiga la responsabilidad única y exclusivamente en las mujeres.

La desigualdad en los cuidados hace que las mujeres estén más expuestas

Esta cuarentena está teniendo una repercusión diferente en las mujeres que en los hombres. Ya antes de la llegada del COVID-19 la mayor parte de los cuidados lo ejercían las mujeres. Así lo asegura el último informe elaborado por Oxfam Intermón. Ellas realizan más de las tres cuartas partes del trabajo de los cuidados, tanto remunerados como no remunerados.

Esta desigualdad en el ámbito de los cuidados se ha acrecentado con la crisis del Coronavirus. Las mujeres son quienes siguen haciéndose cargo de la mayoría de las tareas de cuidados del hogar y la familia. También son quienes realizan en mayor medida los empleos que tienen niveles de exposición más altos ante el COVID-19: personal sanitario, cuidadoras de personas ancianas, cajeras de supermercados, farmacéuticas, personal de limpieza,…

Por ende, si analizamos las consecuencias del Coronavirus con perspectiva de género, es decir, cómo afecta a mujeres y hombres, descubrimos que son ellas quienes están más expuestas a contagiarse.

Diferentes estudios certifican esta idea. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, de los más de 8.000 casos del SARS —epidemia de 2003—, más de la mitad de personas infectadas eran mujeres, y el 21% de los casos afectaron, precisamente, a quienes trabajaban en el ámbito de la salud y los cuidados.

A la misma línea apunta un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitido en 2007 sobre epidemias y enfermedades infecciosas señalaba que “los roles típicos de género condicionan el lugar en el que las mujeres pasan tiempo [la casa, por ejemplo, con personas dependientes]” y, por tanto, “la frecuencia e intensidad de la exposición a determinados agentes infecciosos”.

Tener esta visión desde la perspectiva de género, permite obtener una mirada no sesgada de la realidad. Observar dónde encuentran las desigualdades y poder incidir sobre ellas. El Coronavirus demuestra, una vez más, que, como siempre, las mujeres son las peor paradas.


Jéssica Murillo, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género

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