¿Las mujeres lideran mejor las crisis?

¿Las mujeres lideran mejor las crisis?
5 mayo 2020 Jessica Murillo

La crisis del coronavirus ha llegado a todo mundo. En consecuencia, todos los países están adoptando medidas para intentar frenar su propagación. Las respuestas han sido diversas. Sin embargo, existen países que han sabido gestionar mejor la crisis con una respuesta rápida y eficaz. Se trata de Alemania, Islandia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Taiwán y Nueva Zelanda.  Es en estos donde se ha registrado una cifra menor de fallecimientos por Covid-19. También los que han controlado los contagios de un modo más eficaz. ¿Dónde está la clave? La revista norteamericana Forbes lo tiene claro: Los países que mejor están respondiendo están capitaneados por mujeres. La noticia saltó como la pólvora y sorprendió al mundo entero.

Reflexiones sobre las mujeres que lideran la crisis del Covid-19

  • Por una parte: ¿Por qué sorprende que quienes mejor lideren sean mujeres? O lo que es lo mismo: ¿si fuesen hombres no hubiera sorprendido del mismo modo? ¿Acaso se espera que las mujeres no sean capaces? Quizá haya un cierto paternalismo detrás de este asombro. Aunque también es cierto que afirmaciones como las del artículo de Forbes chocan de lleno con las pocas oportunidades que se les da a las mujeres para tomar posiciones de liderazgo. De ahí la estupefacción. Es decir, es significativo que se alabe que las mujeres están liderando una parte importante de los países que mejor gestionan la crisis del Covid-19, pero, sin embargo, existan tan pocos países que tengan a mujeres en el poder. El techo de cristal sigue estando a la orden del día.
  • Por otra parte: ¿Tiene que ver con el hecho intrínseco de ser mujeres? Y de ser así, ¿realmente existen diferencias entre el liderazgo de las mujeres y el de los hombres?

¿Relación causa-efecto o esencialismo de género?

Parece una correlación fácil, pero esto no quiere decir que las mujeres, por el hecho de serlo, lideren mejor. No es una causa-efecto. De hecho, existen otros países que también arrojan cifras positivas y están liderados por hombres. Es el caso de Vietnam, Corea del Sur y Australia. Además, está Bélgica, dirigida por Sophie Wilmès, que ha tenido uno de los peores brotes de coronavirus en Europa en términos de muertes per cápita.

Estos casos demuestran que es atrevido afirmar que las mujeres tienden a gestionar mejor las crisis porque va en su naturaleza. Sentenciar algo así supondría dar por hecho que existen ciertos valores, funciones, cualidades y actitudes más propios de un sexo que de otro. Es lo que se denomina esencialismo de género.

La creencia de la naturaleza femenina

El esencialismo de género consiste precisamente en eso: atribuir unas capacidades a las mujeres como algo innato a su naturaleza biológica. Normalmente, este imaginario responde a la idea esencialista de la fragilidad, la afectividad, la sensibilidad, la generosidad, el cuidado, la empatía, la comunicación, la resolución pacífica de los conflictos… En consecuencia, se espera de ellas que sean exitosas en esos ámbitos.

Ello contribuye, a su vez, a reforzar los estereotipos de género y conlleva a que cuando las mujeres no se adaptan a ese rol, reciban una mayor penalización porque no encajan con lo que se espera de ellas.

Asimismo, el seguir afirmando que todas las mujeres lideran mejor en periodos de crisis, conlleva a fortalecer el acantilado de cristal. Además, tiende a que las mujeres se les exija el doble. Las mujeres suelen llegar más preparadas porque lo que se les pide es mucho mayor que lo que se exige a los varones.

Por tanto, un argumento bien intencionado con el de Forbes puede ser contraproducente. Una alternativa es, en vez de afirmar categóricamente que estos países están mejor gestionados por tener mujeres al mando, como si se tratará de cualidades intrínsecas a su sexo, adoptar una actitud de reflexión y destacar qué están haciendo de modo diferente con respecto al resto.

Características comunes

presidentas

Presidentas y primeras ministras

En Alemania, Ángela Merkel, desde el inicio de la pandemia, dirigió a la ciudadanía alemana de modo calmado, pero con sinceridad y seriedad. Les dijo que era un virus peligroso que podría contagiar al 70% de la población. Asimismo, activó todos los recursos sanitarios del país e hizo test masivos.

En Taiwán, Tsai Ing-wen implementó más de 120 medidas desde el mes de enero. Entre ellas, destaca la producción de mascarillas, la realización de test y las restricciones de los vuelos desde Wuhan.

En el caso de Nueva Zelanda, su primera ministra, Jacinda Ardern, decidió cerrar las fronteras y pidió a la población el aislamiento voluntario. También realizó pruebas masivas a la ciudadanía.

Por su parte, Islandia (Katrín Jakobsdottir), Noruega (Erna Solberg), Dinamarca (Mette Frederiksen) y Finlandia (Sanna Marin) tomaron medidas de prevención desde el principio.

Combinación de factores: sistema robusto y gestión eficaz

Haciendo una comparativa entre todos estos países, no solo tienen en común tener mujeres al mando. Hay otras variantes a tener en cuenta. Por un lado, son países avanzados en ciencia, tecnología y sanidad. Es decir, que partían con mejores herramientas para hacer frente al Covid-19. Por otro lado, tienen una mayor preocupación por lo público y son sociedades concienciadas. Acontecimientos que no niegan el hecho indiscutible de contar con buenas mandatarias que han abordado la crisis con celeridad y acierto. Pero no por el hecho de ser mujeres, sino porque están preparadas y formadas.

Todas optaron, desde el principio de la pandemia, por dejar a un lado la opción de la negación. Tampoco minusvaloraron el problema. Por el contrario, aceptaron la situación y decidieron reaccionar con rapidez. De ese modo, cerraron fronteras, ordenaron realizar pruebas masivas, llevaron a cabo acciones de concienciación, implementaron medidas preventivas… siempre escuchando a las personas expertas en salud pública. Esas acciones tempranas, unida a la transparencia y a una comunicación clara y directa, marcaron la diferencia. Así, sus liderazgos han ido generando confianza en la población, algo fundamental en estos días de incertidumbre.

¿Existe un liderazgo femenino?

Cabe preguntarse si todas estas características se deben a que va en la naturaleza de las mujeres saber gestionar mejor. Probablemente, como ya se ha comentado al principio, no. Sí es cierto que muchos estudios apuntan a que las mujeres tienen mayor capacidad de liderazgo y que saben enfrentarse mejor a situaciones de crisis. Sin embargo, no se deben a un hecho biológico solo propio de las mujeres.

Asimismo, a la mayoría de las mujeres se les ha exigido el doble que a los varones para llegar a la misma posición de poder. El hecho de que las mujeres tengan que lidiar con más obstáculos durante su ascenso al liderazgo, puede ser que haga que puedan ofrecer más alternativas ante situaciones complicadas. Por lo tanto, no es un hecho natural, sino de construcción social.

En todo caso, está más relacionado con la educación diferenciada de género que atribuye valores diferentes según el sexo. Valores que se interiorizan y se reproducen.

De ese modo, la sociedad tiende a diferenciar entre el liderazgo masculino, más duro y competitivo, y el femenino, más suave y con un lenguaje menos bélico. Así se desarrollan valores negativos y positivos acorde con los roles asignados.

Liderazgo feminista

Lo ideal sería recoger todo lo positivo de ambos modelos y no verlos como características exclusivas de un sexo. De ese modo, se eliminarían las diferencias y se abrirían nuevas posibilidades de liderazgo. Ello traería un cambio positivo para la política, ya que cada persona ejercería su mandato sin atender a imposiciones de género, sin limitaciones y desde la diversidad.

El reto, por ende, se encuentra en ejercer un liderazgo feminista. Ello supone implementar la perspectiva de género de modo transversal en todas las decisiones políticas, así como promover políticas sociales para alcanzar la igualdad de oportunidades.

Pocos países gobernados por mujeres

Sea como sea, si hay un hecho clave a resaltar del artículo de Forbes es que cita a siete de las diez mujeres jefas de Gobierno entre más de 190 países. La propia Naciones Unidas confirma esta cifra: de los países que están en la ONU, menos del 10% está liderado por una mujer. Lo que quiere decir que la presencia de las mujeres como lideresas mundiales aún es escasa.

La ausencia de las mujeres en los espacios de toma de decisiones supone un déficit a la democracia. Por lo tanto, contar con mujeres mandatarias es una cuestión de justicia social. Por eso, una de las derivas más importantes del feminismo desde la Declaración de Atenas es la paridad. Sin embargo, siguen existiendo barreras que dificultan el acceso de las mujeres a los puestos de poder. Todo ello a pesar de que, como hemos visto, ellas pueden dirigir y liderar igual que los hombres. Un hecho que no haría falta justificar, pero que parece que hay que hacerlo ya que se sigue exigiendo el doble a las mujeres. Ojalá que llegue el día en el que no sorprenda que una mujer lidere y además lo haga bien, pero, sobre todo, que no se justifiquen sus éxitos de gestión en estereotipos de género sino en su valía.


Jéssica Murillo, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género

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