La RAE no puede negar el uso del lenguaje inclusivo

La RAE no puede negar el uso del lenguaje inclusivo
3 diciembre 2018 Jessica Murillo

A finales de la semana pasada amanecíamos con una noticia: “La Real Academia Española vuelve a rechazar el lenguaje inclusivo” titulaban muchos periódicos. Dos preguntas se reabrían: ¿Qué es el lenguaje inclusivo? ¿Puede la RAE negar su uso?

Lo primero que debemos de tener en cuenta es que la RAE no debe imponer, solo recoge lo que hablamos. Su función es regular, recomendar y redactar la norma sobre el uso.

La lengua evoluciona y cambia. Está viva. Esto significa que si hablamos sin sexismo, la RAE no tendrá más remedio que recoger esos usos, aunque se niegue. Pero, ¿por qué se cree que lenguaje es sexista?

El lenguaje no es sexista, ya que posee multitud de mecanismos, lo es el uso que hacemos del mismo que invisibilliza a las mujeres (a través del masculino genérico, la palabra hombre como sinónimo de Humanidad y el salto semántico) y las considera inferiores (por duales aparentes, determinadas definiciones, frases hechas, asimetrías en los tratamientos, etcétera).

La lengua constituye el reflejo de la realidad. Por tanto, si la sociedad es racista, clasista y machista, el lenguaje que usamos también lo es porque es el medio por el que transmitimos y comunicamos esos pensamientos. La forma en que utilizamos el lenguaje configura nuestra percepción de la realidad. Cambiando el uso de la lengua, cambia la concepción de la realidad. Por lo que hay que incidir paralelamente en la realidad y en la lengua.

Foto de Jazmin Quaynor en Unsplash.

 

La explicación que se da para no cambiarlo es que no es lo mismo el sexo que el género gramatical. Es cierto. Para hablar de género gramatical tenemos que hablar de flexión. En gramática, la flexión es el movimiento que hacen las palabras para concordar género y número. En el castellano existen dos géneros gramaticales: el masculino y el femenino. El género gramatical es arbitrario. Dicho de otro modo, no existen razones para que unas palabras sean femeninas y otras masculinas: la mesa, el tenedor… Sin embargo, el problema viene cuando no hablamos de objetos, sino de seres sexuados. En estos casos, el masculino crea en la mente seres de sexo masculino y el femenino crea seres de sexo femenino. Por ello, al utilizar el masculino como neutro, es decir, el masculino para nombrar al conjunto de mujeres y hombres, por ejemplo: “los cirujanos”, hace que nuestra mente imagine hombres antes que mujeres. Así lo establecen los estudios desde la psicolingüística: “pensamos en palabras que convertimos en imágenes”. Esto significa que si el lenguaje es masculino, nuestro imaginario también será masculino. Por ende, tenemos que cambiarlo para nombrar y visibilizar a las mujeres. La lengua lo permite, respetando con ello tanto la economía del lenguaje como la gramática.

Las mujeres queremos ser visibles en el lenguaje y esto no va a romper la esencia del español. Puede que haya a quien no le guste, pero si se respeta la estructura idiomática no pasa nada, sino que se engrandece el idioma porque todas y todos estamos incluidos y representa mucho mejor lo que queremos decir.

La RAE se niega a ello porque tiene una concepción equivocada del mismo. Piensa que el lenguaje inclusivo consiste en desdoblar continuamente, recurrir a “@”, “x” o “e”. Sin embargo, el lenguaje inclusivo va más allá. Lo que pretende es que se deje de hacer del masculino un uso de valor genérico y que se pase a nombrar a las mujeres, de un modo no sexista, por supuesto.

Para ello existen algunas técnicas como utilizar sustantivos colectivos: alumnado, profesorado, ciudadanía… También se puede usar el nombre del cargo: alcaldía, vicerrectorado…feminizar las profesiones, evitar usos sexistas de la palabra, e incluso haciendo uso del desdoblamiento si fuera necesario.

Hacerlo es importante porque como diría la escritora chilena, Marcela Serrano “el día en que el hombre se apoderó de lenguaje, se apoderó de la historia y de la vida. Y al hacerlo nos silenció. Yo diría que la gran revolución del siglo XXI es que las mujeres recuperemos la voz”

 

Jéssica Murillo Ávila, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género

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