Margarita Salas: una mujer derribando barreras en la Ciencia

Margarita Salas: una mujer derribando barreras en la Ciencia
15 junio 2021 Laura L. Ruiz
margarita salas

‘Un país sin investigación es un país sin desarrollo’. Esta es una de las muchas citas que ha dejado la científica española y que resumen una vida de empeño y lucha por el avance tanto de la química como de la igualdad. 

Educación desde la infancia para acabar con el machismo

Margarita Salas ha sido mucho más que una de las científicas más importantes del último medio siglo en España. Ha sido un ejemplo, un referente y un apoyo para miles de mujeres interesadas en la ciencia, en la investigación y que han buscado su oportunidad. Unas carreras muchas veces obstaculizadas por el machismo, que tampoco fue ajeno a la doctora y profesora Salas. 

Si bien es cierto que Margarita contó con la ayuda de nacer en una familia donde encontraban la educación algo básico tanto a mujeres como hombres, no fue así el resto de su vida. “Fui privilegiada porque mis padres siempre tuvieron muy claro que sus dos hijas, éramos dos chicas y un chico, iban a estudiar una carrera universitaria lo mismo que el chico, o sea que no había discriminación de que fuéramos a hacer algo distinto.”  Así recordaba la propia científica su infancia en una de las últimas entrevistas que hizo en 2015, cuatro años antes de fallecer.

Aunque dudó mucho con Medicina, finalmente se decantó por las Ciencias Químicas. Aunque cuando llegó a Madrid no quiso limitar sus conocimientos y se apuntó a un curso selectivo que abarcaba Física, Química, Matemáticas, Biología y Geología, con la posibilidad de elegir ambas carreras. Finalmente se decidió por la química y el tiempo le dio la razón, al ver que su verdadera pasión estaba en el laboratorio. Ella misma ha dicho en repetidas ocasiones que “la vocación científica no nace, se hace”. 

Entre ser la ‘mujer de’ o tener visibilidad científica

El premio Nobel Severo Ochoa, amigo del padre de Margarita, enseguida ve el potencial de la científica y le hace hueco en su laboratorio de Nueva York. Allí conoció a quien luego sería su marido,  Eladio Viñuela, y compañero de ciencias. Junto a él, Salas inició el desarrollo de la biología molecular en España. Su estudio sobre el virus bacteriano Phi29 nos ha permitido conocer cómo funciona el ADN, cómo sus instrucciones se transforman en proteínas y cómo estas proteínas se relacionan entre ellas para formar un virus funcional. 

Margarita Salas reconoce que, aunque en EEUU, tampoco había demasiadas mujeres en la ciencia, nunca se sintió discriminada. Sí que lo fue en su postdoctorado. Albert Sols, a quien Ochoa le pidió que fuera el director de Salas,  esperaba muy poco del trabajo científico de una mujer. Años más tarde, Sols reconocería que pensó “bah, una chica. Le daré un tema de trabajo sin demasiado interés, pues si no lo saca adelante no importa”. Esa discriminación continuó porque pese a que las becas que lograba Margarita permitían vivir al matrimonio, Eladio se llevaba los reconocimientos.

Si bien dentro de su equipo nunca tuvo ningún problema con sus doctorandos, de cara al exterior solo era la mujer de Eladio Viñuela. Algo que a Eladio le parecía terriblemente injusto. Por ello, con el fin de que el trabajo de Margarita fuese valorado como merecía, en 1970 dejó la investigación del Phi29, exclusivamente, bajo la dirección de Margarita. De esa forma pudo demostrar que era capaz de sacar adelante la investigación por sí misma y se convirtió en una científica con nombre propio y no solo en “la mujer de”. “Yo era ‘la mujer de Eladio’. Supe lo que era ser discriminada, o es más: ser invisible. Era como si no existiese, yo no pintaba nada”, aseguró ella misma en una entrevista. 

Mucho más que en un referente, en las aulas y en la academia

“No voy a negar la realidad: normalmente las mujeres no hemos llegado a los sitios de más alta responsabilidad, en general y en la investigación”, aseguraba Margarita Salas a los medios aunque también lo achacaba al tiempo que habían tardado las mujeres a incorporarse a la carrera laboral, científica y en las academias. Allí llegó ella en 1988, a la Academia de Ciencias, siendo la única mujer. En 2015 eran cinco. En la RAE, cuando Margarita Salas ocupó el sillón i minúscula, había solo siete mujeres más (de 46 miembros en total). Margarita lo explicaba en la falta de diversidad intelectual.

margarita salas

“Normalmente, los académicos piensan en hombres y hay que introducir un poco el que se piense en mujeres. (…) Queremos seguir introduciendo mujeres, no porque tenemos que tener la cuota del 50% ni del 40% ni del tal, sino porque pensamos que hay mujeres válidas, sin que haya una obligación de que tenga que haber una cuota. Lo que tiene que haber en los consejos de administración, por ejemplo, es la sensibilidad suficiente para pensar en mujeres”, decía. 

Su legado, descubrimientos y ‘los margaritos’

Además de su legado en la ciencia biomolecular, Margarita Salas ha sido una de las científicas más importantes de los últimos cincuenta años en España. Su calidad como investigadora está fuera de toda duda. También ha sido una formadora excelente, por su laboratorio han pasado decenas de investigadoras e investigadores que se llaman a sí mismos los ‘margaritos’. 

Además, Salas reconocía que en su camino, pese a las dificultades, había encontrado quién supo valorar sus avances y no discriminar por género. Su compañerismo y cercanía a los demás, también son de sobra conocidos. De hecho ella misma se definía como una persona sencilla y muy trabajadora. Confesó, en las últimas entrevistas, que se emocionaba con la suite de violoncello de Bach y recordaba el efecto que le produjo la lectura de ‘El segundo sexo’ de Simone de Beauvoir.

 


Laura L. Ruiz, periodista especializada en igualdad

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