Los cuidados terminan con la salud de las mujeres

Los cuidados terminan con la salud de las mujeres
10 agosto 2020 Concilia2

Los derechos de las mujeres están recogidos teórica y formalmente en las leyes de nuestro país y en los Tratados Internacionales. Desde el punto de vista legislativo se han producido importantes avances. Sin embargo, esa igualdad aún se ha materializado en el día a día. Un ejemplo, de entre otros muchos, es la falta de conciliación corresponsable y la división sexual del trabajo. Unos hechos que provocan graves efectos en la salud mental y física de las mujeres, agravada por el coronavirus. Una crisis que ha puesto de manifiesto que es el momento de comenzar a pensar en nuevas formas de organización. El cuidado debe ocupar el rol central.

La crisis provocada por el coronavirus ha afectado a la sobrecarga de trabajo sobre las mujeres. Durante estos meses, han sido ellas quienes se han encargado del cuidado de la infancia y las personas dependientes al cierre de los centros educativos. También han estado en primera línea en los cuidados remunerados, como enfermeras, médicas… con impactos sobre su propia salud.

¿Qué es la salud?

Salud en las mujeresHasta hace poco, la salud estaba definida como la ausencia de enfermedad. Sin embargo, este concepto ha evolucionado hasta abarcar mucho más. Así, en nuestros días, entendemos por salud el estado de bienestar personal físico y mental que permite realizar satisfactoriamente actividades de trabajo y ocio. Un concepto más integral en el que intervienen factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, ambientales y culturales.

Por lo tanto, inevitablemente, la salud está estrechamente relacionada con el tipo de sociedad en la que se vive. También con las condiciones económicas y culturales. Pero, sobre todo, con el lugar que se ocupa en la estructura social. En este sentido, se debe de tener en cuenta también la relación que existe entre la salud y los roles de género. Es decir, incorporar la perspectiva de género en el estudio de la salud.

La salud de las mujeres

Hasta 1976, año del inicio del Decenio de las Naciones Unidas, existía muy poco reconocimiento del papel que las mujeres jugaban en el proceso de desarrollo de los países. Así como de la interrelación que su situación social tenía con su salud.  

Varios años más tarde, en 1998, la Organización Mundial de la Salud, en las estrategias a seguir para implementar programas de salud, propuso reconocer el mejoramiento de la salud y el bienestar de las personas a través de la incorporación de “una perspectiva atenta a la paridad entre sexos”.  Fue a partir de entonces cuando se empezó a mostrar una mayor atención a las necesidades específicas de las mujeres en materia de salud.

Salud con perspectiva de género

El enfoque o la perspectiva de género se refiere a la necesidad de reconocer la diversidad de las necesidades de la población. Para ello, hay que tener en cuenta las diferencias biológicas y, sobre todo, sociales entre mujeres y hombres. Al vivir en una sociedad donde aún existe una clara desigualdad de género, es evidente que hay determinados hechos que no afectan igual a unos y a otras. Lo mismo pasa en el ámbito de la salud. De ese modo, si incorporamos el enfoque de género a la salud, comprobaremos que muchos de los problemas de salud de las mujeres están íntimamente relacionados con la carga de trabajo que realizan.

La carga de trabajo sobre las mujeres

cuidadosLas mujeres dedican más tiempo al trabajo del cuidado del hogar y de la familia. Así lo ha denunciado la Naciones Unidas: A nivel mundial, las mujeres dedican 2.6 veces más tiempo que los hombres a realizar trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

Esto significa que, la incorporación totalmente asumida de las mujeres al empleo, no ha traído como consecuencia la incorporación de los hombres a las tareas del cuidado del hogar y de la familia. Lo que conlleva a que sean las mujeres quienes siguen haciendo dobles y triples jornadas laborales, con la consecuencia que todo ello conlleva para su salud física y psicológica. Un hecho que se ha visto acrecentado durante la crisis del coronavirus. Debido al cierre de los centros educativos y la saturación del sistema sanitario, han sido ellas las que se han encargado en mayor medida del cuidado del hogar y la familia.

Promotoras del bienestar social

También, a lo largo de la historia, han sido y son las mujeres quienes se han encargado de los cuidados y la salud. No solo a nivel informal. También formal, contribuyendo al bienestar social. Las mujeres representan el 66% del personal sanitario. Una función que aún no está debidamente reconocida y valorada, a pesar del enorme papel que están teniendo en los tiempos de pandemia.

Las condiciones de trabajo

En lo que respecta a las condiciones de trabajo, la baja sindicación de las mujeres comporta falta de atención a sus problemáticas específicas en el lugar del trabajo. Asimismo, es escasa la sensibilzación que se manifiesta en el mundo empresarial hacia la salud laboral de las mujeres. Se requiere, además, medidas de conciliación corresponsable dirigidas a mujeres y hombres que garanticen la compatibilidad del trabajo remunerado con el cuidado del hogar y la familia, que realizan en mayor medida ellas. Del mismo modo, el acoso sexual o la discriminación en el trabajo suponen riesgos a los que muchas mujeres se exponen y repercuten en su salud.

La gestión de los cuidados

Todas estas barreras en la salud de las mujeres demuestran que se necesita una gestión de los cuidados desde la perspectiva de género. Solo de ese modo se podrá actuar y prevenir sobre muchos de los problemas de salud que afectan de modo concreto a las mujeres.

Desde el ámbito social se necesita poner en el centro los cuidados, valorarlos y repartirlos entre hombres y mujeres.

Las empresas también tienen un papel esencial en el fomento de las medidas de conciliación corresponsable para mujeres y hombres, flexibilización horaria, empleos estables y con horarios más cortos…

También los Estados pueden hacer mucho promoviendo el bienestar social a través de servicios públicos que cubran la necesidad de los cuidados, así como políticas y medidas encaminadas a este fin. Para ello es fundamental:

– Conocer y considerar el estado de la salud de las mujeres y de los hombres, identificando las desigualdades y promoviendo soluciones.

– Garantizar el acceso efectivo a la atención según las necesidades diferenciales de mujeres y de hombres.

– Alcanzar y mantener un balance en la distribución de la carga de responsabilidades de hombres y de mujeres en el autocuidado de la salud y el cuidado de otras personas.

– Identificar los riesgos relacionados con el tipo de actividad y los roles y estereotipos.

– La influencia del género en la percepción de los síntomas de enfermedad.


Jéssica Murillo, periodista y experta en igualdad e intervención en violencia de género

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