La vuelta al cole debe ser segura y coeducativa

La vuelta al cole debe ser segura y coeducativa
24 agosto 2020 Jessica Murillo
colegio

El aprendizaje en tiempos de coronavirus ha colocado al sistema educativo ante constantes desafíos. El nuevo es cómo garantizar la seguridad en el retorno a las aulas. Un acontecimiento que podría desarrollarse de manera distinta dependiendo de cuál sea la situación epidemiológica. A falta de un protocolo común, cada comunidad autónoma estudia sus propias medidas. Con el aumento de los contagios, la enseñanza 100% presencial no es tan viable como se pensaba en junio. Con ello, la conciliación se torna complicada. Pero también es una oportunidad para dar paso a la coeducación afectiva.

Los nervios no paran de crecer. Incertidumbre, inquietud y preocupación. Es lo que siente la comunidad educativa y muchas familias ante la inminente vuelta a las aulas. La evidente falta de previsión abre la duda de si las clases podrán ser presenciales y seguras, semipresenciales, online o tendrán que retrasarse.

La presencialidad promueve la igualdad de oportunidades

colegioLa asistencia a los centros educativos es necesaria. Durante el confinamiento se vio como con la enseñanza online quedaron excluidos muchos niños y niñas que no tenían medios en casa o que sus familias no tenían un nivel educativo o tiempo para ayudarlos. En este sentido, la presencialidad garantiza la igualdad de oportunidades, pero tiene otros beneficios: La infancia necesita ir al colegio, ya no solo para aprender conocimientos. También para relacionarse, ya que hay muchos niños y niñas que solo se socializan en los centros educativos.

Lo admite la propia ministra de Educación, Isabel Celaá, que ha asegurado que las escuelas deben estar abiertas en septiembre: “En caso de tener que priorizar por las circunstancias de la pandemia, serían los alumnos de primaria e infantil los que continuarán el curso de manera presencial”.

Se complica la posibilidad de las clases presenciales

Por tanto, las clases presenciales son fundamentales. Eso sí, siempre que se garantice la seguridad sanitaria del alumnado y el profesorado. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la vuelta al colegio no sea presencial. Considera que abrir las aulas en los países con altas tasas de contagios va a empeorar la situación. Mientras los contagios diarios continúan en aumento, parece complicado que la enseñanza sea cien por cien presencial. En este sentido, hay que ofrecer facilidades para las familias que trabajan.

Sin protocolo a la vista

Sin embargo, a pocas semanas para la vuelta al cole, no hay aún un protocolo claro que garantice la seguridad sanitaria.

El Gobierno central ha convocado una reunión con las consejerías de Educación y Sanidad para el 27 de agosto. El objetivo es abordar cómo será ese inicio del curso y evaluar la progresión de los planes y protocolos que se pondrán en marcha. Todo ello, de acuerdo a los criterios comunes propuestos y recogidos en el documento de Medidas de prevención, higiene y promoción de la salud frente al COVID-19.  para centros educativos en el curso 2020-2021.

Fernando Simón, ha adelantado que el Gobierno podría intentar unificar el uso de la mascarilla en los centros escolares de toda España a partir de los seis años, pero, según ha dicho, no hay nada decidido.

Los sindicatos de enseñanza no descartan la convocatoria de una huelga. En Madrid ya lo tienen decidido. Otras comunidades se plantean seguir los mismos pasos ante lo que consideran una deficiente organización escolar en buena parte de los territorios.

Mientras tanto, son muchas las familias que manifiestan su miedo a que la falta de medidas de seguridad desemboque en una nueva interrupción de las clases presenciales. Con las consecuencias que todo ello conllevaría a la dificultad de conciliar y a la brecha digital. Además, de los posibles efectos psicológicos que puede tener para el alumnado.

Falta de conciliación

ConciliaciónCuando en marzo se cerraron las escuelas, llegó el teletrabajo. En ese contexto, fueron las mujeres, en mayor medida que los hombres, quienes tuvieron que encargarse a la vez del cuidado y del empleo. En consecuencia, las interrupciones constantes y el estrés impidieron desempeñar el trabajo en unas óptimas condiciones. Los problemas se acumulan en la actualidad cuando el empleo ya es presencial. En el caso de que la enseñanza sea semipresencial u online, muchas familias lo tendrán muy complicado para organizarse.

Las empresas tendrán que poner de su parte desde la comprensión y el estudio de la situación de cada trabajador o trabajadora. También a través de medidas de conciliación. Así como es recomendable que hagan un seguimiento de cómo se encuentra su plantilla, ya que es probable que se enfrenten a una mayor ansiedad e incertidumbre. Las organizaciones deben tener en cuenta que velar por la salud emocional, mental y física de su equipo de trabajo es fundamental para retener el talento y aumentar la productividad.

La cosa se complica para aquellos hogares que carecen de ordenadores o conexión a Internet. La pandemia ha puesto en evidencia la brecha digital de género.  

La brecha digital: social y educativa

La brecha digital es una brecha social.  La formación online durante el confinamiento hizo aflorar las desigualdades socioeconómicas. Según el Instituto Nacional de Estadística, en España hay casi 7.800.000 menores en edad escolar repartidos en algo más de 4.600.000 hogares. De ellos, 100.000 familias no tienen acceso a la red. A estas hay que sumarles otros 235.000 hogares cuya única forma de conexión es a través del móvil. En total, cerca de medio millón de niñas y niños que no pueden continuar, o no de la mejor manera, su formación educativa a distancia. Es decir, de establecerse la educación online, estarán en riesgo de quedarse atrás en los estudios. Fernando Simón lo dejó claro en su comparecencia de la semana pasada: “No es lo mismo un niño con recursos, un cuarto para él y wifi, que el que no los tiene. Todos los niños tienen que tener la misma educación”.

Por lo tanto, la brecha digital es ahora también educativa. “No podemos pensar que todos nuestros niños pueden aprovechar de la misma manera la educación fuera de los centros educativos (…) No consiste en tener un grupo bien formado, sino una generación completa bien formada”, explicó Simón, que insistió en que hay que ser sensibles con este asunto y hacer un esfuerzo por abrir los colegios.

La ONU reclama también prestar especial atención a los y las estudiantes en situaciones más vulnerables y anima a aprovechar la pandemia para transformar los sistemas educativos a través de más infraestructura digital, revitalizando el aprendizaje continuo o usando métodos de enseñanza más flexibles.

A ello, hay que sumar las dificultades añadidas del alumnado con necesidades especiales. También hay que añadir la que el alumnado, sin tener una monitorización y contacto físico con el profesado, suele presentar un menor compromiso. Asimismo, no todas las familias tienen tiempo y conocimientos como para ayudar en este aspecto.  

Por ende, la alternativa que se imponga a la enseñanza presencial, debe evitar poner la responsabilidad de la voluntariedad de profesorado y alumnado, y la carga de acumulación de tareas en las familias.

Las consecuencias psicológicas

La pandemia de Covid-19 ha puesto de manifiesto las desigualdades sociales en el acceso a medios tecnológicos y en la disponibilidad de los padres y madres para atender las necesidades formativas de sus hijos e hijas. Situaciones que se han de tener en cuenta a la hora de establecer un protocolo de regreso a las aulas. Pero hay un problema añadido: hacer frente a los problemas psicológicos que traerá para el alumnado el regreso o no a la escuela.

Muchas niñas y niños han experimentado consecuencias y dificultades psicológicas en este tiempo de confinamiento. Las que vendrán con la apertura de las escuelas no van a ser menores: ansiedad por separación, miedo, desmotivación, tristeza… Problemas psicológicas que también pueden estar presentes de mantenerse la enseñanza online y no poder ver a sus amistades, profesores y profesoras.

No obstante, todo ello también supone una oportunidad para enseñar asertividad, empatía y gestión de las emociones a través de la coeducación afectiva.

La coeducación afectiva

Hasta ahora las escuelas han centrado sus esfuerzos en la transmisión del conocimiento a través de las asignaturas académicas. Además de ello, también es necesario incorporar una educación sentimental y afectiva desde la perspectiva de género. Ello es imprescindible, sobre todo, en los tiempos que les está tocando vivir a la infancia. Muchas niñas y niños han perdido a sus abuelos y abuelas, sienten miedo, han estado encerrados, no han visto a sus amistades… Por ello hay que tratar cuestiones imprescindibles para la vida como la empatía, la aceptación, la gestión de las emociones… Llegando, incluso, a crear un espacio en las clases para resolver dudas.

Hablar de sentimientos con el alumnado, tomando como punto de partida sus experiencias y miedos concretos, supone educar en la expresión saludable de las emociones sin estereotipos de género. Es decir, atacando la idea de que ciertas emociones son más propias de niñas o de niños, promover la compresión y la confianza en el grupo de pertenencia.

Desde la perspectiva de género, se debe de crear una atmósfera de apoyo en el aula que permita a niñas y niños explorar y mostrar sus sentimientos, la escucha de las emociones propias y ajenas… para saber cómo transmitirlo y qué hacer con ellos.

En definitiva, la coeducación afectiva representa un aspecto de máxima importancia en la formación integral del alumnado.

La experiencia de otros países

Esa vuelta a las aulas no solo preocupa en España. También en otros países.

Con la vista puesta en el resto de la Unión Europea, Alemania ya ha abierto las puertas de los colegios con grupos reducidos y mascarillas. Y un plan b: el cierre a la menor alarma. El resto de países toma nota de la experiencia alemana. Algunos, escalonan las entradas y las salidas a las aulas. Otras apuestan por el uso de mascarillas, evitan aglomeraciones y promueven los “grupos burbuja”. En este caso, se establecerán grupos reducidos, siempre formados por las mismas personas para reducir el riesgo de contagio y facilitar su rastreo. Mismos patrones que ya dejó estipulado en julio la revista Science cuando analizó las estrategias de reapertura de varios países con distintas situaciones sociales y geográficas. Para la ONU, “será esencial encontrar un equilibrio entre los riesgos para la salud y los riesgos para la educación y la protección de los niños, y tener en cuenta también la repercusión en la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo”.

Algunas medidas que se podrían implantar en España

En nuestro país, a falta de un protocolo unificado, se barajan algunas ideas que podrían implementarse:

  • Bajar ratios
  • Escalonar entradas y salidas
  • Aumentar el personal
  • Asegurar la limpieza
  • Adecuar espacios
  • Ventilar las aulas
  • Facilitar gel hidroalcohólico y mascarillas en cada clase
  • Higienizar las clases durante el recreo
  • Incrementar los recursos tecnológicos y facilitarlos a todo el alumnado
  • Establecer turnos diferenciados en los usos de los pasillos, el patio y los comedores
  • Dotar a las escuelas de personal de enfermería
  • Comenzar las clases recordando las medidas adaptadas
  • Evitar el uso de materiales compartidos
  • Higienizar el transporte escolar
  • Intentar mantener la distancia de seguridad

Medidas que requieren un importante esfuerzo, previsión e inversión económica. Pocos días de margen, teniendo en cuenta que el inicio del curso está previsto para primeros de septiembre, y mucho aún por hacer.


Jéssica Murillo, periodista y experta en igualdad e intervención en violencia de género

 

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