La Luna también es de las mujeres

La Luna también es de las mujeres
22 julio 2019 Jessica Murillo

Se cumple medio siglo del hecho histórico que mantuvo en vilo al mundo: la llegada del hombre a la luna. En este aniversario, mucho se está comentando sobre la misión, los preparativos, cómo lo cubrieron los medios, e incluso que la estación ubicada en Fresnedillas de la Oliva, Madrid, fue clave en la misión, pero poco se ha hablado del papel que tuvieron las mujeres. El hombre llegó a la luna, sí, pero ellas lo hicieron posible.

50 años del primer viaje a la luna

Hace nada más y nada menos que 50 años, un domingo 20 de julio de 1969, cerca de 500 millones de personas de todo el mundo fueron testigos ante los televisores de la llegada del hombre a la luna. Y no, la palabra “hombre” en este contexto no es sinónimo de “Humanidad”, como diría la RAE. Es eso: hombre, varón. En aquel tiempo, los años 60, no solo no se cuestionó que quien debía llegar a la luna era un varón, sino que ni si quiera se llegó a tener en la mente ni un segundo que quien lo hiciera fuera una mujer. De hecho, la NASA no permitió que entraran mujeres en su cuerpo de astronautas hasta 1978.

Finalmente, fue el astronauta Neil A. Armstrong quien dio los primeros pasos sobre la luna.  Al tocar la superficie, Armstrong pronunció una de las frases más conocidas de nuestro tiempo: «Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad». Apolo dio nombre al programa espacial que, según la NASA, está considerada como uno de los momentos más significativos de la historia de la Humanidad y la Tecnología.

Sin embargo, Armstrong no fue el único en viajar hasta allí. Otros dos astronautas le acompañaban en el viaje al satélite. Eran Michael Collins y Buzz Aldrin. Pero detrás de ellos, también hubo un amplio grupo de personas que trabajaron para que tal fin fuera posible. Entre ese equipo estaba un conjunto de matemáticas de las que poco se habla, pero que fueron claves, especialmente en el éxito del regreso del Apolo XI a la tierra. Con complejos cálculos matemáticos, lograron la fórmula para evitar que la nave se desintegrara al volver a entrar en la atmósfera.

Las mujeres, la cara oculta del viaje del Apolo 11

Después de ese «gran paso», el Apolo 11 tenía que regresar a la Tierra. Era la parte más difícil de la misión. La nave corría el riesgo de desintegrarse. Evitar que eso ocurriese dependía de complejos cálculos matemáticos realizados con la simple ayuda de un papel, lápiz y calculadoras mecánicas. Se ocuparon de ello, entre otras, Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, tres afroamericanas que trabajaban como matemáticas en la NASA. Todo ello en una época en la que los protocolos no permitían mujeres, y menos aún negras, en las reuniones del equipo de estudio y lanzamiento de cohetes, en los años de segregación legalizada y la discriminación racial de EEUU. Eran conocidas como las “computadoras humanas”.

De entre todas ellas, Katherine Johnson tuvo un protagonismo esencial durante la misión a la luna. Trabajaba en la NASA como matemática. Fue la responsable de llevar a cabo los cálculos para sincronizar el módulo de aterrizaje —el Eagle— con el módulo de mando —el Columbia y que así pudieran acoplarse para volver a la Tierra.

Para imaginar la complejidad de su tarea, para que la nave aterrizara en el lugar deseado, había que tener en cuenta factores como la rotación de la Tierra y la variación de la fuerza de gravedad. Esos cálculos, tan precisos, llevaron a que el Apolo 11 consumara su misión. Trabajó más de catorce horas diarias en el programa de retorno. También calculó, en 1959, la trayectoria del vuelo espacial de Alan Shepard, el primer estadounidense que viajó al espacio, y un año más tarde fue reclamada por la NASA para verificar los resultados de las computadoras electrónicas que calculaban la órbita alrededor de la Tierra del astronauta John Glenn.

Por su parte, Dorothy Vaughan fue una matemática que se convirtió en la primera supervisora y manager afroamericana de la NASA. Fue supervisora de Katherine y también de Mary W. Jackson, otra matemática e ingeniera aeroespacial afroamericana cuyos cálculos fueron cruciales para distintas misiones, incluyendo la del Apolo 11.

Katherine Johnson, en la NASA en 1966. NASA

Sus logros pasaron desapercibidos durante años, hasta que Hollywood lo llevó a la gran pantalla en la película «Figuras Ocultas». El film refleja las barreras a las que tuvieron que enfrentarse estas mujeres.

Más mujeres que nos llevaron a la luna

Joann Morgan, ingeniera.

Pero hubo más mujeres tras el Apolo 11: Joann Morgan, ingeniera y controladora de instrumentación, con tan solo 28 años, fue la única mujer presente en una sala de mando en el momento del lanzamiento del Apolo 11. Se encargó así de controlar los críticos momentos iniciales del despegue del Apolo 11. Fue también la primera ingeniera aeroespacial que se encargaba del programa. Trabajó en la NASA hasta 2003 desarrollando algoritmos y sistemas de datos para el procesamiento del lanzamiento de transbordadores espaciales. También fue la primera mujer en ser nombrada ejecutiva senior en el Centro Espacial Kennedy.

Margaret Hamilton, matemática y científica computacional

Por su parte, Margaret Hamilton estuvo al frente del equipo que diseñó el programa informático que controló el funcionamiento de todos los sistemas durante la misión espacial. El software que diseñó para la NASA marcó un antes y un después en la historia de la informática, ya que era capaz de distinguir qué tareas eran importantes y cuáles no, toda una revolución en aquel momento.

Hamilton era matemática, tenía 32 años y un gusto exquisito por la perfección: insistió en probar todo y simular todo tipo de situaciones probables con tal de identificar posibles problemas. Ese rigor salvó a la misión lunar del fracaso: Cuando faltaban pocos minutos para aterrizar sobre la superficie lunar, saltaron las alarmas con el código 1201 y 1202. Armstrong avisó al centro de control y debieron decidir en segundos si abortar la operación o seguir adelante. Hamilton y su equipo gritaron: «¡Go, go, go!”. La acción del software, en este caso, fue eliminar las tareas de menor prioridad y restablecer las más importantes. Si la computadora no hubiera reconocido este problema y tomado medidas de recuperación, no hubiéramos podido hablar del éxito de la misión. Y todo ello gracias a Margaret Hamilton.

Margaret Hamilton frente a una montaña de código que ella misma había tecleado junto a su equipo para la misión Apolo 11. WIKIPEDIA

En aquellos años no se estudiaba informática en las universidades. De hecho, fue la propia Hamilton quien acuñó el término «ingeniería de software» que ahora da nombre a toda una disciplina informática. La fiabilidad de su programa hizo que se usara como base para misiones espaciales posteriores. Continúo trabajando para la NASA hasta 1986, cuando fundó su propia empresa de software. La mayor parte de su trabajo en la agencia espacial consistió en diseñar códigos.

Frances Northcutt, ingeniera

Otra mujer fundamental fue Frances Northcutt, también conocida como «Poppy». Era matemática. Con tan solo 25 años se convirtió en 1968 en la primera mujer que trabajó como ingeniera en el centro de control de las misiones Apolo de la NASA. De sus cálculos dependía directamente la trayectoria que las naves espaciales debían seguir para regresar de la luna. Poppy entró a la NASA en 1965 y desde un comienzo se puso a trabajar en las misiones Apolo para explorar la Luna. Junto al resto del equipo, programó las computadoras para evaluar si llegar a la luna era factible. Su trabajo fue preponderante para conquistar la luna, momento en el que también participó analizando el camino de regreso de la nave.

Judith Love Cohen, ingeniera eléctrica aeroespacial

En lo que corresponde a Judith Love Cohen, fue una ingeniera eléctrica aeroespacial que trabajó en el sistema de guía de cancelación del programa. De tal modo que contribuyó a planificar una órbita de regreso a la tierra en caso de que la tripulación tuviera que abortar la misión antes de llegar a la luna. Frustrada por la falta de referentes femeninos para niñas interesadas en ciencia, matemática y tecnología, se retiró de la ingeniería para escribir una serie de libros titulado “Tú puedes ser una mujer…” en las que alentaba a las mujeres a convertirse en botánicas, astrónomas, químicas, jugadoras de básquet y biólogas marinas, entre otras.

Susan Finley, Judy Sullivan y Saydean Zeldin

En la misión también tuvo un papel importante Susan Finley. Era parte de un equipo conformado totalmente por mujeres que realizaban todos los cálculos necesarios

Judy Sullivan durante la cuenta atrás. Era la única mujer en la habitación. NASA

para comprobar el correcto funcionamiento de los sistemas e hizo posible la comunicación con el espacio exterior. Gracias a ella se pudo escuchar la transmisión alrededor de todo el planeta. 

También sobresalió el trabajo de Judy Sullivan, la ingeniera principal del sistema biomédico para la misión Apolo 11 y la primera mujer ingeniera contratada por la NASA para apoyar las pruebas de naves espaciales. Durante la cuenta regresiva, supervisó los datos devueltos por los sensores biomédicos de los astronautas que proporcionaban datos cruciales sobre la respiración, la temperatura corporal y los latidos del corazón. 

Por último, Saydean Zeldin diseñó el software que permitía a los astronautas controlar los motores de las naves espaciales, tanto durante las partes más largas del viaje hacia y desde la Luna, como en los procedimientos más delicados.

Las contribuciones de todas estas mujeres demuestran que detrás de las pisadas de Armstrong están las huellas de muchas mujeres invisibles para la historia, pero que hicieron que llegar a la Luna fuera algo más que un sueño.

 

Una segunda oportunidad

La llegada a la luna fue todo un hito histórico que tendrá una segunda parte: hay planes concretos para regresar a la luna y que su superficie la pise, esta vez sí, una mujer. Y será gracias al impulso de todas las mujeres que años atrás han trabajado en alguna misión espacial, como Valentina Tereshkova, Sally Ride, Judith Resnik, Svetlana Savitskava, Dorothy Vaughan o Mae Jemison.

Valentina Tereshkova, la primera mujer en viajar al espacio. EFE

La fecha que se pone sobre la mesa es 2024. La misión: Artemisa, que en la mitología griega, es la diosa de la caza, los bosques y los animales; y hermana gemela de Apolo.

 

 

 

 


Jéssica Murillo, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género.

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