June Almeida: la madre de la vacuna del coronavirus

June Almeida: la madre de la vacuna del coronavirus
15 noviembre 2021 Laura L. Ruiz
June Almeida en el laboratorio con su microscopio

La científica escocesa June Almeida fue la primera persona que vio cómo eran los coronavirus. Un hecho que haga que aplaudamos hoy su figura, porque su descubrimiento ha salvado muchas vidas en la actual crisis por covid en el mundo.

Sin estudios, pero con mucha curiosidad

Pese a que falleció muchos años antes de que estallara la pandemia por covid en 2020, a June Almeida se la considera la madre de la vacuna contra este coronavirus. El hecho es sencillo: fue la primera persona en ver, detectar y definir cómo eran estos virus. Lo hizo en 1964 gracias a un microscopio del laboratorio del Hospital St. Thomas de Londres. Una vocación de investigación que no nació en la escuela, ya que tuvo que abandonarla a los 16 años. 

June Almeida

Nació en 1930 en un barrio humilde de Glasgow, Escocia. La entonces June Hart, por su apellido de soltera, difícilmente pensaría que su nombre aparecería en los libros de historia. Empezó a trabajar en unos laboratorio muy joven por la necesidad de buscar trabajo, pero pronto además de ser una forma de ganarse la vida, pasó a ser una pasión. Del laboratorio del hospital universitario Glasgow Royal Infirmary pasó a trabajar en el Hospital de St. Barthlomew de Londres, donde se casaría con el artista venezolano Enriques Almeida del que tomaría el apellido.

La reina del microscopio electrónico

Poco tiempo pasaron en Londres, ya que pronto encontraría en Canadá el lugar donde crecer personal y profesionalmente. Pese a no tener ningún título universitario, June Almeida decidió emprender su carrera como investigadora en el Ontario Cancer Institute de Toronto. En 1963, comenzó a desarrollar nuevas técnicas para el microscopio y a publicar artículos científicos sobre las estructuras que tenían los virus. Su tesón e ingenio se propagó muy rápido y el mundo académico empezó a alabar su trabajo. Tanto que el doctor David Tyrrell, una eminencia en Londres, le invitó a realizar una investigación en profundidad sobre el virus responsables del resfriado común. 

Pionera en el trabajo de investigación con el microscopio, pionera en el interés por la estructura de los virus. Y más cuando en el mismo hospital que recientemente ha estado ingresado el primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, por covid, hizo un gran descubrimiento. Vio por primera vez de forma nítida el virus del coronavirus. A diferencia de los virus del resfriado común, este tenía una especie de corona, que finalmente le dio el nombre.

La muestra B814

El doctor Tyrrell había estado estudiando los lavados nasales de voluntarios con resfriado y habían analizado todos los virus que contenían. Fue precisamente en la muestra B814, de un alumno en un internado en Surrey, el que dejó al equipo más sorprendido. No lo reconocían y por eso pidieron ayuda del microscopio electrónico y sus métodos a la viróloga, June Almeida. 

Enviaron esta y otras muestras a la investigadora, quien descubrió que efectivamente se trataba de un virus diferente. Al ver más nítidamente en el microscopio su estructura, se determinó que era un virus nuevo y se identificó así al primer coronavirus humano. Pese al gran descubrimiento, Almeida tuvo problemas para publicar el avance. Los editores de la revista científica más puntera en la época descartaron publicar el hallazgo por “la baja calidad de las imágenes”. 

Más avances: el VIH y la viruela

La joven brillante que tuvo que abandonar los estudios por la necesidad económica se doctoró después de este descubrimiento. Lo hizo primero en la Escuela Médica de Posgrado de Londres y, después, siguió sus investigaciones en el Instituto Británico Wellcome. Allí firmó varias patentes de sus descubrimientos, ayudó al avance de las técnicas de laboratorio y en 1979 escribió el Manual de diagnóstico rápido de virus en el laboratorio para la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Aunque se fija en 1985 su retirada profesional, ella siguió al pie del cañón. A finales de esa década ayudó a publicar algunas de las primeras imágenes en alta calidad del VIH y, de nuevo, fue la primera en ver y fotografiar el virus de la viruela. Toda una vida de logros y avances pese a las dificultades, que ahora, 13 años después de su muerte, le ha otorgado el reconocimiento que siempre mereció. Gracias a ella, y a los estudios que se pudieron hacer después de su descubrimiento, tenemos ahora las vacunas contra el coronavirus. Una enfermedad que, a día de hoy, ha costado la vida de más de cinco millones de personas.

 


Laura L. Ruiz, periodista experta en igualdad

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