Estereotipos de género presentes en el ámbito laboral

Estereotipos de género presentes en el ámbito laboral
22 mayo 2017 Amanda Blanco López

Estereotipos de género

Hay actitudes que se mantienen en la sociedad como si fueran inherentes a ella y estuvieran integradas en nuestra cultura. Un ejemplo claro es cuando hablamos de estereotipos de género. Los estereotipos de género se pueden definir como aquellas características o cualidades que, por razón de género, se dan por supuestas y asumidas en la persona.

Victoria Sau en su libro «Ser mujer: el fin de una imagen tradicional«, lo deja claro dando algunos elementos que se asumen como características masculinas y como femeninas. Lo masculino representa estabilidad emocional, auto-control, dinamismo, valentía, aptitud para las ciencias o racionalidad; lo femenino se asocia con inestabilidad emocional, falta de control, pasividad, ternura, dependencia o miedo.

 

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Estereotipos laborales

Si nos situamos en la esfera del trabajo, vemos muy claro el cómo estos estereotipos de género han marcado, y siguen marcando, las ocupaciones. Y es que hay profesiones que de manera tradicional se han asociado al género.

Son profesiones eminentemente masculinas la de bombero, policía, científico o mecánico, representando actitudes de valentía, racionalidad, dinamismo, etc.  Y son profesiones tradicionalmente femeninas  las de enfermera (no médica), cuidadora de personas mayores (no auxiliar de geriatría) o limpiadora (no operario/a de limpieza). Aunque en la actualidad se vayan produciendo cambios y avances, siguen siendo unos estereotipos vigentes en la sociedad y marcan a muchos de nuestros/as jóvenes en la elección de sus estudios.

Tal y como recoge el informe elaborado por Emakunde, el Instituto Vasco de la Mujer, sigue existiendo una «persistencia» de la distribución según el género de los modelos ‘mujer-maestra-enfermera’ y ‘hombre-ingeniero-técnico’. Las mujeres optan en mayor medida que los hombres por titulaciones agrupadas dentro de las ramas de ‘Ciencias de la Salud’, ‘Artes y humanidades’ y ‘Ciencias Sociales y Jurídicas’. Por el contrario, las titulaciones de ‘Ingeniería y Arquitectura’ siguen presentando un perfil predominantemente masculino (más del 70 por ciento de matriculación) tal y como se recoge en el artículo publicado en El Diario.

La sexualización de la mujer como marca

Y no sólo esto, también asistimos a un renacer de los machismos más trasnochados en cuanto a sexualización de la mujer. Por suerte, en la actualidad ya no es tan común pero hasta hace tan solo unos años, nos encontrábamos desde restaurantes que hacen de los pechos grandes su marca de identidad hasta gasolineras que obligan a sus empleadas a vestir con falda bajo amenaza de despido.

El ver a la mujer bajo un prisma marcado por la sexualización o por el mantenimiento de tradiciones asociadas al género hace que el concepto de igualdad entre hombres y mujeres todavía se vea muy lejano. Los estereotipos de género están vigentes desde incluso las diferencias claramente sexistas que se dan en el acceso a ofertas de empleo. Un ejemplo claro son preguntas que todavía se realizan a mujeres en las entrevistas de selección del tipo “¿Y tiene familia o hijos/as? ¿Y previsión de quedarse embarazada?”. Por ello, se hace muy importante romper con los estereotipos de género en los procesos de reclutamiento.

Esta realidad que nos muestra el día a día pone de manifiesto que todavía hay un camino muy largo por recorrer. El concepto de igualdad en el ámbito laboral no significa únicamente de la igualdad salarial o de la igualdad de acceso al mercado, que sin duda son importantes. Es mucho más, y llega hasta raíces muy profundas que cuesta modificar. El que todavía existan estos estereotipos de género tan marcados y tan asumidos como normalizados por la sociedad expone un escenario que requiere mucho trabajo de educación, basada en el respeto y la concienciación.

Debemos conseguir un mercado laboral en el que se valore al/a la profesional por encima de todo lo demás. Lo relevante en un trabajo es tu capacidad y tu competencia para llevarlo a cabo, no sus circunstancias, entorno o género. La coeducación y la erradicación de preceptos culturales basados en estereotipos de género son los dos elementos fundamentales sobre los que cimentar una sociedad igualitaria para todos y todas.

 

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