El acantilado de cristal: segundo plato en el poder

El acantilado de cristal: segundo plato en el poder
9 enero 2020 Jessica Murillo
acantilado

Techo de cristal, suelo pegajoso, brecha salarial, acoso sexual, falta de conciliación corresponsable… son algunas de las barreras a las que se enfrentan las mujeres en el mundo laboral, pero ¿sabías qué es el acantilado de cristal?

El acantilado: cuando el techo de cristal se rompe

El techo de cristal es una barrera invisible, muy difícil de sobrepasar, que dificulta que las mujeres accedan a los altos puestos de poder de las organizaciones, la política y las empresas.

De ese modo, a pesar de que en nuestro país las mujeres son mayoría en las universidades y tienen mejores calificaciones, la mayoría no llega a dirigir las altas esferas de las empresas. La razón se sustenta en el machismo que aún impera en nuestra sociedad.

Además, una vez ascienden a las posiciones de liderazgo se encuentran con obstáculos adicionales relacionados con los estereotipos de género. Pero no acaban aquí las dificultades. Un estudio revela que esas barreras para que las mujeres asciendan se desploman justo en situaciones de crisis. Dicho de otro modo, las mujeres tienen mayores posibilidades de ser nombradas para un puesto de liderazgo en tiempos de inestabilidad económica o alto riesgo de fracaso.  Es lo que se ha pasado a denominar The glass Cliff, acantilado de cristal.

Hablamos de acantilado de cristal cuando aludimos a una trampa sexista que consiste en la contratación de mujeres en cargos de alta dirección en situaciones de crisis o riesgo. El concepto fue acuñado en 2004 por Michelle Ryan y Alexander Haslam, docentes de la Universidad de Exeter, Reino Unido.

El estudio de Michelle Ryan y Alexander Haslam

Investigaron cómo actuaban las empresas que cotizan en bolsa en tiempos de crisis. Llegaron a la conclusión de que las mujeres tienden a alcanzar posiciones de liderazgo en circunstancias muy diferentes a las de los hombres. De ese modo, se opta por promocionar mujeres al mando cuando las posibilidades de éxito son mínimas. Es decir, cuando se sabe que no hay más opciones que el fracaso.

El detonante de la investigación fue un artículo publicado en el año 2003 en el periódico The Times. Este insinuaba que las compañías con mujeres al mando en los Consejos de Administración obtenían peores resultados que los que son ocupados por hombres.

El estudio demostró que en realidad se trataba de una estrategia. Pues, en periodos de riesgo o precariedad, se optaba por promocionar a las mujeres. Por ende, las mujeres tienen más probabilidades de ser nombradas para puestos de liderazgo en tiempos de crisis en comparación con tiempos de bonanza.

Según afirma Michelle Ryan, doctora en psicología social y coautora del estudio, “esto hace que sus posiciones de liderazgo sean potencialmente de riesgo”. Añade: “puede contribuir a la subrepresentación de las mujeres en estos puestos”.

Las mujeres al mando cuando se vaticina el fracaso

Es decir, cuando una empresa pasa por un momento complicado, tiende a ascender a las mujeres a las posiciones de liderazgo. Estas tienen por delante un trabajo más arduo que si hubieran sido contratadas en condiciones normales.  Por lo tanto, tienen más probabilidades de “caer de un acantilado”.

Las sitúan así al borde del precipicio, de ahí la denominación del concepto. Son puestos complicados, de incertidumbre y de peligro constante que produce altos niveles de estrés y presión para ellas. Además, repercuten negativamente en la carrera laboral de las mujeres.

La evidencia de la existencia del acantilado de cristal se ha comprobado utilizando múltiples metodologías, incluyendo una amplia gama de muestras de participantes, y en varios países. Haslam y Ryan señalan que, por ejemplo, el partido conservador británico, Tory, solía seleccionar a hombres para aquellas candidaturas donde tenían más posibilidades de ganar y a más mujeres en aquellas circunscripciones que se daban por perdidas de antemano.

Lo podemos ver con Theresa May y la crisis del Brexit. Fue elegida como primera ministra británica cuando David Cameron presentó su renuncia a permanecer en Downing Street como líder del Partido Conservador tras el referéndum del Brexit.

Otro ejemplo es de Christine Lagarde cuando se puso al frente del FMI durante la crisis del euro, o, más recientemente, Inés Arrimadas al frente de Ciudadanos.

Los estereotipos como principal causa

Este fenómeno se explica por los estereotipos de género que aún se mantienen en la sociedad y, por extensión, en las empresas. Michelle Ryan y Alexander Haslam, responsables del estudio, explican que: “los rasgos típicos asociados a una mujer, como la intuición, empatía o cuidado del grupo, coinciden con las características que se asignarían a un líder en épocas de crisis. Sin embargo, los rasgos que se buscan en un líder en época de éxitos y bonanza (fuerza, ambición, contundencia), se solapan con los estereotipos típicamente masculinos”. Asimismo, se tiende a ceder el poder a las mujeres porque se sabe que en épocas de crisis hay pocas posibilidades de desarrollo para ellas.


Jéssica Murillo, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género

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