El mes de mayo no solo es el mes del día de la madre, sino también el mes que acoge el día sobre salud mental materna. Bajo el lema ‘La salud mental materna importa’ se defiende que las mujeres que son madres deben poder tener atención, información y apoyo.
Y es que, aunque por fortuna, en los últimos años hemos avanzado mucho en salud psicológica, todavía quedan aspectos que desmitificar, pero, sobre todo, queda trabajar en los grupos concretos de población que son más señalados o que sufren más presión.
Precisamente, las mujeres han sido históricamente uno de los grupos más señalados y estigmatizados en esta línea. Existen diversos factores sociales, culturales y hasta médicos que contribuyen a que las mujeres sean más frecuentemente etiquetadas o malinterpretadas cuando se trata de salud mental.
Además, las mujeres que atraviesan trastornos de bienestar emocional en el contexto del embarazo, (como la depresión prenatal o posparto), enfrentan una carga adicional, el estigma social.
Factores que inciden en la salud mental materna
Los estudios y avances con respecto al cuerpo femenino y el embarazo son todavía escasos e insuficientes muchas veces. Según un estudio hecho por Perinatal Mood and Anxiety Disorders (PMAD), anualmente 1 de cada 5 mujeres en todo el mundo experimentan algún tipo trastorno del estado de ánimo y de ansiedad relacionados con el embarazo y el parto. Asimismo, muchas experiencias que son comunes en la vida de las mujeres, como por ejemplo el estrés relacionado con la crianza o las expectativas sociales, se consideran patologías en vez de reconocerlas como reacciones naturales a un entorno socialmente desafiante.
Por ejemplo, las mujeres que experimentan violencia de género o acoso laboral pueden ser diagnosticadas con trastornos de ansiedad o depresión sin tener en cuenta el contexto de sus experiencias. Del mismo modo que las mujeres que atraviesan trastornos de salud mental relacionados con el embarazo a menudo son estigmatizadas.
¿Qué sucede con la salud mental y la maternidad?
1. Hay un estigma social y cultural
En muchas culturas el embarazo y la maternidad son vistos como momentos de felicidad. Esta consideración hace que la idea de ser madre se vea solo como una experiencia positiva, por lo que se crea una presión social y emocional en torno a ello. Este punto de vista contribuye a la estigmatización de la depresión o la ansiedad que se puede sufrir durante el embarazo o después del parto.
Sin embargo, la realidad es que, para muchas mujeres, el embarazo y la maternidad pueden estar acompañados de emociones como la tristeza, la incertidumbre, el miedo o el agotamiento.
2. Existe presión cultural y miedo al juicio
El miedo al juicio o a no ser comprendidas puede llevar a las mujeres a no hablar abiertamente sobre sus sentimientos. En muchas ocasiones este miedo a ser juzgadas responde a conceptos como ‘malas madres’, que, a diferencia de los hombres, históricamente recae sobre las mujeres.
Durante siglos, la maternidad ha sido vista no solo como un rol, sino como el destino natural de las mujeres. Se asumía que las mujeres tenían un instinto maternal innato lo que intensificó la imagen de la ‘madre abnegada’, amorosa y siempre sacrificada. Imagen que se ha difundido en la literatura, la religión o los medios de comunicación. En contraste, a los hombres se les ha permitido desentenderse del cuidado emocional y cotidiano de los hijos, siendo medidos más por su rol de proveedores.
3. Tiene un doble estándar de género
Por estereotipos, juicios y presión social se puede afirmar que tener hijos/as tiene un doble estándar de género, donde se espera que la madre sea casi perfecta, mientras que al padre se le aplaude cualquier mínimo gesto de involucración en la crianza, los llamados ‘padrazos’.
Aunque hoy en día hay más conciencia de la igualdad de género, los estereotipos aún inciden en la presión sobre las madres, las mujeres enfrentan más críticas cuando toman decisiones personales que se perciben como ‘egoístas’.
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Todo esto retrasa la búsqueda de apoyo psicológico o médico, lo que agrava los síntomas y puede llevar a complicaciones adicionales en la salud mental.
La depresión posparto, por ejemplo, es una condición médica grave que afecta a muchas mujeres después de dar a luz. Sin embargo, debido a la falta de visibilidad de la enfermedad y la presión cultural para ser ‘felices’ después del nacimiento del o la bebé, las mujeres pueden no recibir el apoyo que necesitan.
La depresión prenatal también es una condición real, y las expectativas sociales pueden hacer que las mujeres sientan que no deben expresar sus emociones, lo que solo contribuye a la invisibilidad de este trastorno.
Estigmas sociales de la maternidad
Los estigmas y presiones sociales, muchas veces contradictorios, afectan al bienestar de las mujeres que tienen hijos e hijas. Además de a su autonomía y su forma de ejercer la maternidad. Algunas de las presiones que enfrentan son:
- El ideal de la ‘madre perfecta’: Hay un sentimiento común en el que se espera que la madre no cometa errores, se sacrifique por sus hijos e hijas y que anteponga su bienestar o sus metas personales.
- Culpabilidad constante: El sentimiento de culpa es uno de los conceptos que más afecta a las madres, fuera y dentro del hogar.
- Críticas por las decisiones personales: Otro de los estigmas que enfrentan las mujeres pasa por ser juzgadas en cada una de sus decisiones como madres.
- Invisibilización del trabajo de cuidado: El trabajo que supone ejercer como madres suele ser invisible y sin reconocimiento ni valor por parte de la sociedad.
- Exigencia de disponibilidad total: La sociedad espera que la madre esté siempre presente para las necesidades de la hija o hijo.
¿Cómo podríamos cambiar esta situación?
Es esencial reconocer que muchos de los problemas de salud mental que enfrentan las mujeres no son inherentes a su sexo, sino el resultado de presiones sociales, culturales y económicas. Es fundamental crear espacios de apoyo, debemos derribar los estigmas culturales, promover la comprensión y ofrecer recursos accesibles para aquellas que luchan con su salud mental durante esta etapa.
Cambiar la narrativa en torno a la maternidad y la salud mental se hace más que necesario. Las mujeres necesitan un espacio seguro para compartir sus experiencias sin miedo al juicio.
- Educación y sensibilización: Promover una cultura en la que se reconozca que la maternidad puede ser un proceso emocionalmente complejo y que la salud mental debe ser una prioridad es esencial para que las mujeres no se sientan solas ni incomprendidas.
- Apoyo profesional adecuado: Las mujeres que atraviesan trastornos de salud mental deben tener acceso a profesionales de la salud capacitados en este ámbito. Esto incluye personas especialistas que comprendan las realidades emocionales del embarazo y el postparto.
- Redes de apoyo: Fomentar redes de apoyo entre madres y familiares puede ser clave para combatir el aislamiento. Las mujeres deben saber que no están solas en sus experiencias y que pedir ayuda es una muestra de fortaleza, no de debilidad.
A largo plazo, es necesario transformar las normas culturales que perpetúan el estigma en torno a la maternidad y la salud mental. Las sociedades deben abrazar una visión más inclusiva y realista de la maternidad, donde las mujeres no sean presionadas con cumplir con ideales poco alcanzables.
El estigma en torno a la salud mental durante el embarazo y el postparto no solo afecta a las mujeres, sino que también tiene implicaciones para sus familias y comunidades. Si las mujeres reciben el apoyo adecuado, pueden superar estos trastornos y criar a sus hijas e hijos en un ambiente más saludable y equilibrado.
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3 Comentarios
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La maternidad encierra miedo a no ser buena madre, a tener que dejar apartada tu carrera profesional, a cambios físicos, anteponer tu hijo a casi todo…. y sobre todo el miedo a ser juzgada.
Pero una madre no tiene que ser perfecta y llegar a todo. Lo más importante es pedir ayuda y dejarse ayudar. Es mejor ayudar que juzgar.
Un saludo. -
La no tristeza en el embarazo es una esclavitud más, forzandote a una felicidad irreal, llena de miedos, preocupaciones y muchísimo cansancio.
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Mi experiencia reciente como madre es la que se describe en el artículo. Se cuida mucho a la madre embarazada en el terreno físico, pero no se cuida a nivel psicológico. Después del parto se habla mucho del bebé pero, después del parto, no se nos revisa lo suficiente a nivel físico ni se nos acompaña a nivel psicológico con lo que cuesta la crianza sobre todo los primeros meses con lo descolocada que te encuentras y la falta de sueño. Además, yo soy madre soltera y absolutamente todo lo he hecho yo, incluido pagarme el psicólogo para no pasar por la depresión posparto, que estuve a muy muy muy poco. Los cambios hormonales son reales. Me sorprende que no se tengan en cuenta lo suficiente. Menos mal que mi red social es genial. El apoyo de los tuyos es básico.



