COP25 y la sostenibilidad de la vida desde la perspectiva de género

COP25 y la sostenibilidad de la vida desde la perspectiva de género
16 diciembre 2019 Jessica Murillo
COPE25

Entre los días 2 y 13 de diciembre ha tenido lugar, en Madrid, la Cumbre del clima (COP25), bajo la presidencia de Chile y el apoyo logístico de España. Esta COP 25 hereda una agenda de género, impulsada en la última cumbre de Polonia, pero ¿qué tiene que ver la agenda de género con la crisis climática?

Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP)

Los gobiernos acordaron combatir, por primera vez, el cambio climático en Río de Janeiro en 1992. Durante esta reunión se creó la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el cambio climático. Entró en vigor en 1994. De ella forma parte España. Además, es considerada como el acuerdo más importante, junto con el Protocolo de Kyoto, a nivel mundial en relación con el cambio climático.

Para la aplicación efectiva de la Convención se elaboran decisiones que han de ser aprobadas por todas las partes en consenso, que se discuten y aprueban en las Conferencias de las Partes (COP) que se celebran anualmente. Este año ha tenido lugar la COP25.

Sin embargo, ninguno de estos tratados ha tenido en cuenta hasta ahora la perspectiva de género. Todo ello a pesar de que la destrucción de la tierra y el sometimiento de las mujeres son prácticas profundamente relacionadas. Ambas corresponden a un mismo modelo: la dominación, la sobreexplotación y en el acceso desigual a los recursos.

No en vano, las mujeres son las más afectadas por el cambio climático, ya que viven en una situación de desigualdad y es evidente que los efectos devastadores de los desastres naturales multiplican las condiciones de vulnerabilidad. Esto hace que las mujeres, sobre todo de los países subdesarrollados, pero también de los desarrollados, sean quienes sufren las peores consecuencias.

Además, la agenda verde de género impulsa el liderazgo de las mujeres en campos científicos. Esto significa que para encontrar una solución efectiva contra el cambio climático hay que invertir en políticas de igualdad. Por ello, el lema de quienes trabajan por la igualdad dentro de las negociaciones internacionales sobre el clima es: “No habrá justicia climática sin justicia de género”, planteando que una transición justa habrá de asumir esfuerzos en favor de la igualdad.

Este año, durante la COP25, cada jornada se ha dedicado a una temática diferente. El martes 10 de diciembre se centró en la igualdad de género. De ese modo, el día estuvo dedicado a la importancia de la contribución y el liderazgo de las mujeres en la acción climática.

cumbre del clima

Cumbre del Clima COP25

La importancia de la perspectiva de género en la COP

Respecto a la incorporación de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en relación con el clima, cabe destacar el Acuerdo de París (COP21). Este contempla la necesidad de responder a las cuestiones de género en los artículos 7.5 y 11.2. Ratificado por 175 naciones, obliga a los países a incorporar la perspectiva de género en sus políticas climáticas. También el establecimiento de un Plan de Acción sobre el Género (PAG), para que las mujeres sean parte de los proyectos y decisiones sobre cambio climático a nivel internacional y nacional, que se acuerda en la COP23 celebrada en Bonn.

Es necesario activar una transición energética que nos permita cumplir el acuerdo climático de París y las mujeres deben estar en el centro de esta transición. Asimismo, uno de los elementos clave del cumplimiento de la Agenda 2030 es la igualdad de género. Sin embargo, ninguno de los 129 países está adoptando las medidas necesarias para alcanzarla, en concreto, en cuanto a la acción climática. Lo revelan los resultados del Índice de Género de los ODS de la coalición Equal Measures 2030. Solo 13 países (Alemania, Eslovenia, Etiopía, Irlanda, Japón, México, Namibia, Nueva Zelanda, Perú, República Checa, Suazilandia, Suecia y Tailandia) aprueban en los indicadores que miden la igualdad en el ODS 13 sobre acción por el clima. La puntuación media es muy deficiente.

La ONU tampoco lo deja atrás: luchar contra el cambio climático pasa por conseguir la igualdad de las mujeres, entre otras cosas.

Además, en la COP24, celebrada en Polonia, se presentó un manual comunicativo sobre género y cambio climático para promover una lucha contra el cambio climático con perspectiva de género. El documento resalta que todos los aspectos del calentamiento global, las causas, los impactos y las políticas para combatirlo, tienen diferentes efectos en las mujeres y en los hombres.

Las mujeres, las principales perjudicadas

Y es que el cambio climático agrava la desigualdad de género. Así lo pone de manifiesto el Informe “Perspectiva de género en las migraciones climáticas” de la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes). Apunta a que las consecuencias derivadas de los fenómenos naturales como sequías, lluvias torrenciales, olas de calor, huracanes…está repercutiendo de modo más negativo en las mujeres que en los hombres.

Junto a este informe, ya son múltiples los estudios científicos y sociales que dejan claro que las mujeres son quienes sufren las peores consecuencias, sobre todo en los países subdesarrollados. Las razones son variadas y los roles de género desempeñan un papel relevante:

  • Por un lado, constituyen el 51% de la población mundial y el 43% de la fuerza de trabajo agrícola de los países en vías de desarrollo. Sin embargo, la tierra apenas le corresponden en el 1%. Ellas trabajan la tierra, pero no les pertenece. Son ellas las que se encargan de aspectos sobre los que el cambio climático hace estragos. Dedican gran parte de su tiempo a trabajar los cultivos y buscar alimento y agua, labores que dependen en gran medida del clima. Por tanto, son las que más dependen de los recursos naturales para su supervivencia. Además, representan una mayoría en las comunidades rurales que están expuestas a la sequía y a la desertificación. No obstante, apenas deciden en las políticas en la materia. Dado el nexo que las mujeres tienen con los recursos naturales, es clave que contribuyan en la planificación, formulación e implementación de políticas en esta materia.
  • Por otro lado, son más vulnerables ante los efectos de los desastres naturales. Por ejemplo, porque no saben nadar o porque, a menudo, ceden su comida a la infancia o los hombres. También son mayoría entre quienes fallecen en los fenómenos climáticos extremos, como el ocurrido en el tsunami asiático de 2004, donde el 70% de las victimas mortales fueron mujeres. Si sobreviven, se ven obligadas a aumentar su carga de trabajo al cuidar de las personas que quedan en situación de dependencia. En épocas de sequía, cuando los medios disponibles escasean, las niñas son las primeras en abandonar la escuela para ocuparse de las tareas del hogar.  Pero no solo en este aspecto son las más afectadas. Si bien, las mayores diferencias las encontramos en los países del sur global, también se viven en los llamados países desarrollados. Por ejemplo, tras el huracán Katrina en Estados Unidos, dos tercios de las personas que perdieron su empleo eran mujeres, mientras que, en Francia, durante la ola de calor de 2003, el 65% de las muertes fueron también mujeres.
  • Por último, tienen mayores tasas de pobreza. Los impactos del cambio climático, como los desastres naturales, afecta más a las personas más pobres, y el 70 % de las personas que viven en la pobreza son mujeres. En muchas ocasiones, el matrimonio temprano y la explotación sexual se convierten en el último recurso de la estrategia de supervivencia. Por tanto, ante los desastres naturales, quienes se quedan fuera del sistema suelen ser las mujeres por disponer de peores condiciones de vida fruto de la desigualdad de género.

El cambio climático mina, así, los derechos y las oportunidades de mujeres y niñas.

Refugiadas climáticas

Según la ONU, el cambio climático es la primera causa de migraciones en el mundo. Sequías, inundaciones, desastres climáticos… obligan a que, cada año, 40 millones de personas se vean obligadas a abandonar sus hogares en busca de otros más seguros. Hasta ahora, estas migraciones forzosas se veían motivadas principalmente por conflictos bélicos.

De seguir igual y no tomar medidas, la ONU cifra en 200 millones las personas que para 2050 habrán sido obligadas a desplazarse por desastres con el clima. Entre quienes se encuentran más afectadas destacan las mujeres sin recursos. Constituyen el 80%.  Es lo que ya ha pasado a denominarse “refugiadas climáticas”. Estas mujeres se ven obligadas, además, a adaptarse a una nueva cultura y experimentar cambios drásticos en su forma de vida.

Seguramente por ello, no es casualidad que el movimiento activista contra el cambio climático esté liderado por mujeres, muchas de ellas jóvenes como Greta Thumbers. Frente a esta realidad, es necesario un planteamiento transformador que estudie el cambio climático desde la perspectiva de género: roles femeninos y masculinos, pautas de consumo, etc. Además de promover la voz de las mujeres como sujetas activas del cambio y no solo como víctimas.

Falta de representación

Aunque las mujeres son las más afectadas por el cambio climático y quienes están liderando el activismo en esta materia, también son las que menos representación tienen en los órganos de poder desde los que se trabaja contra este fenómeno. Están fuera de la toma de decisiones de las políticas climáticas. Curiosamente solo están representadas en las ONG´S que participan.

Según los datos del Instituto Europeo para la Igualdad de Género, más del 80% de los puestos de responsabilidad en materia de cambio climático están ocupados por hombres. Lo mismo ocurre en el ámbito científico, del que salen los informes para las discusiones en los foros internacionales, o las compañías, donde el 95% de quienes integran las juntas directivas son hombres.

En una reciente resolución, el Parlamento Europeo aseguró que “la participación desigual de las europeas en los procesos de adopción de decisiones y en los mercados laborales les impide ser tenidas en cuenta en la planificación de políticas climáticas”.

Quizá por eso, un reciente estudio de la Universidad de Exeter (Reino Unido) concluye que la falta de mujeres en los consejos de administración de las empresas energéticas supone un freno”para la adopción de medidas contundentes para combatir el cambio climático». La investigación subrayaba que “a mayor presencia de mujeres en puestos de decisión en materia energética, más respuesta a las necesidades de los ciudadanos y a la lucha contra el cambio climático”.

De hecho, según la ONU, hay evidencias de que los países con mayor representación parlamentaria femenina reservan más áreas de tierra protegidas o que las mujeres son más proclives a ratificar tratados internacionales sobre medioambiente. Por ejemplo, en la India, según las Naciones Unidas, el número de proyectos de agua potable es un 62 % más elevado en las áreas con consejos locales dirigidos por mujeres que en los dirigidos por hombres.

Es necesario, por tanto, que se incorporen mujeres en los órganos de intervención de gestión de los grandes acuerdos sobre el cambio climático. La cumbre del clima de Bonn (COP23) aprobó un Plan de Género que persigue, entre otras cosas, la paridad en todos sus órganos. El objetivo no era otro que promover más participación de las mujeres en las negociaciones internacionales de cambio climático, con el fin de que las posiciones de los países en las mismas también contengan las prioridades de las mujeres.

La COP25 y la igualdad de género

En relación con el género, a lo largo de la COP25 se han organizado distintos eventos, como la entrega del Premio de Acción Climática de las Naciones Unidas con ganadoras de la categoría de Mujeres por Resultados.

El martes 3 de diciembre se llevó a cabo la mesa redonda «Más violeta, más verde. Cómo la perspectiva de género mejora la ciencia y la innovación en la lucha contra el cambio climático, y cómo promoverla”. El fin es compartir recomendaciones a la hora de incorporar la perspectiva de género en la lucha contra el cambio climático.

El día 9 se celebró el panel de discusión “Mujeres y Clima: Retos futuros para un planeta más violeta y más verde” organizado en el marco del Observatorio Mujeres, Ciencia e Innovación. En esta ocasión, la finalidad era dialogar con científicas, innovadoras y emprendedoras sobre sus experiencias en la lucha contra el cambio climático. Las científicas participantes señalaron su apuesta por una agricultura «inteligente» para proteger los suelos y combatir la deforestación.

El día 10, “Día del género”, se acogió el panel “Mujeres liderando acciones contra el clima” que contó con la participación de diferentes expertas. Bridget Burns, directora de Women´s Envioronment and Development Organisation (WEDO) afirmó que “el cambio climático está exacerbando las desigualdades”

El 12 de diciembre, la Secretaría de Estado de Igualdad y el Instituto de la Mujer organizaron el espacio denominado Castellana Verde con el panel “El Green New Deal como oportunidad para la Igualdad en el empleo y el emprendimiento”. Se trata de un conjunto de propuestas políticas que responden a la necesidad de reorientar la sociedad hacia una economía verde donde las consideraciones ecológicas están unidas a la sostenibilidad social, potenciando la igualdad y la justicia social.

Finalmente, en la recta final de la COP25, se acordó el Plan de Acción de Género (GAP) como parte de las políticas climáticas. El texto estuvo varios días bloqueado porque muchos países consideraban que ello supondría reconocer más derechos a las mujeres. Es una especie de hoja de ruta que pretende garantizar la igualdad de género en todas las políticas climáticas. Así como fomentar la participación de las mujeres en la toma de decisiones.

Posibles soluciones

Después de todo lo abordado en este artículo, las posibles soluciones pasan por:

  • Aumentar el número de mujeres que participan en las negociaciones y debates sobre el cambio climático, facilitando sus voces en los procesos de diseño, toma de decisiones y aplicación
  • Incorporar la mirada de género a la lucha contra el cambio climático
  • Facilitar el acceso de las mujeres a los recursos económicos y tecnológicos
  • Vincular las políticas medioambientales con las políticas de genero
  • Apoyar e impulsar la creación de oportunidades de educación y alentar a más mujeres a trabajar en el sector STEM

Mientras no se toman estas medidas, el tiempo corre en contra del planeta.


 Jéssica Murillo, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género.

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