Los cuerpos de las mujeres y niñas siguen siendo usados como arma de guerra. La violencia sexual en los conflictos afecta no solo de forma individual, sino de forma colectiva y que destruye a largo plazo.
Un arma de guerra contra la sociedad entera
Cada año se conmemora el 19 de junio el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos. Se trata de una fecha para visibilizar y denunciar estos ataques contra las mujeres y niñas gracias a la resolución 68/293 emitida por la Asamblea General de Naciones Unidas. Una práctica que se realiza de forma sistemática. No solo daña a la persona que la sufre, sino también a toda la comunidad.
La violencia sexual se ha convertido en un arma de guerra. Para aterrorizar y desestabilizar sociedades, y que, además, tiene consecuencias que pueden sentirse de generación en generación, por el trauma y el estigma. También provoca pobreza, problemas de salud a largo plazo y los embarazos no deseados. Un hecho que se puede ver al analizar las recientes guerras, pero también conflictos antiguos.
De los conflictos históricos a las guerras actuales
La violencia sexual en contextos de guerra ha sido documentada a lo largo de la historia. Desde la partición de India y Pakistán en 1947 hasta la independencia de Bangladesh en 1971, pasando por los conflictos de Bosnia y Ruanda en la década de 1990.
Los conflictos de los Balcanes y el genocidio de Ruanda marcaron un punto de inflexión en el reconocimiento internacional de estos crímenes. A partir de entonces, los tribunales internacionales comenzaron a considerar la violencia sexual como una táctica de guerra organizada y no como una consecuencia inevitable de los enfrentamientos armados.
Un problema que sigue creciendo
Lejos de desaparecer, la violencia sexual en los conflictos sigue aumentando. El último Informe del secretario general de Naciones Unidas sobre la Violencia Sexual Relacionada con los Conflictos muestra una realidad alarmante. Durante 2025 se verificaron 9.788 casos de violencia sexual relacionada con conflictos armados, más del doble que los 4.633 casos registrados en 2024, después de que ya se hubiera registrado un incremento del 50 % en 2023.
Según Naciones Unidas, corresponden a casos verificados en 21 países afectados por conflictos. Sin embargo, la propia organización advierte de que representan solo una parte de la realidad. Ya que muchas víctimas nunca denuncian debido al miedo, las represalias y el estigma o la falta de acceso a servicios de protección.
Las mujeres y niñas representan alrededor del 92 % de las víctimas verificadas, aunque también se han documentado agresiones contra hombres y niños. Además, la violencia sexual contra menores aumentó de forma alarmante durante el último año.
Estos datos evidencian que la violencia sexual sigue siendo una herramienta utilizada para controlar territorios, castigar a comunidades, desplazar poblaciones y ejercer poder a través del miedo.
Estas cifras obligan a ir más allá de la condena simbólica. Cuando casi 10.000 casos son verificados en un solo año, ya no podemos hablar de hechos excepcionales. Estamos ante una práctica persistente que continúa utilizándose como herramienta de guerra, control territorial, represión política y destrucción social.
Sudán, República Democrática del Congo, Haití, Ucrania y Gaza
La República Democrática del Congo continúa siendo uno de los países con mayor número de casos documentados de violencia sexual vinculada a grupos armados. Mientras que en Haití el deterioro de la seguridad ha provocado un aumento de las violaciones, incluidas agresiones grupales utilizadas para controlar territorios y sembrar el terror entre la población civil.
Por otro lado, en Sudán solo durante 2025 se verificaron 262 casos relacionados con el conflicto. Aunque las organizaciones humanitarias consideran que el número real es mucho mayor debido a las enormes dificultades para denunciar en zonas de combate.
El informe de las Naciones Unidas, recoge testimonios de mujeres y niñas sometidas a violaciones grupales, secuestros y esclavitud sexual. En algunas regiones, especialmente en Darfur, la violencia sexual se ha utilizado como parte de ataques dirigidos contra comunidades concretas, reproduciendo patrones ya observados en otros conflictos del pasado.
En el caso de Ucrania, organismos internacionales han verificado 139 casos de violencia sexual relacionada con el conflicto durante 2025, cometidos durante la invasión rusa, incluyendo violaciones, torturas y mutilaciones contra personas detenidas y civiles en zonas ocupadas.
Asimismo, las Naciones Unidas han investigado denuncias de violencia sexual relacionadas con los ataques del 7 de octubre de 2023 y con el conflicto posterior en Gaza e Israel, subrayando la necesidad de investigaciones independientes y de rendición de cuentas para todas las partes implicadas.
Una cuestión de igualdad y derechos humanos
Aunque las mujeres y las niñas siguen siendo las principales víctimas, la violencia sexual en los conflictos también afecta a hombres, niños y personas LGTBIQ+.
Las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas suelen enfrentarse a formas específicas de violencia, discriminación y persecución durante los conflictos armados. Además, encuentran mayores dificultades para acceder a protección, atención sanitaria y justicia, lo que contribuye a que muchos casos permanezcan invisibilizados.
Reconocer esta realidad no resta importancia a la violencia que sufren las mujeres y las niñas. Al contrario, permite comprender que estas agresiones forman parte de sistemas de dominación basados en el género, el poder y la discriminación. La atención médica y psicológica es esencial para la recuperación de las víctimas, pero no es suficiente. La reparación también requiere verdad, justicia y garantías de no repetición.
La participación de las mujeres como herramienta clave
Sin embargo, la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa. En el año 2000, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 1325 sobre Mujeres, Paz y Seguridad. Un instrumento histórico que reconoce el papel de las mujeres no solo como víctimas de los conflictos, sino también como agentes fundamentales en la construcción de la paz. La resolución reclama la participación plena y efectiva de las mujeres en la prevención de conflictos, las negociaciones de paz, la reconstrucción y la toma de decisiones.
Veinticinco años después, este enfoque sigue siendo plenamente vigente. La experiencia internacional demuestra que los procesos de paz son más sólidos y duraderos cuando las mujeres participan activamente en ellos. Proteger a las mujeres y niñas durante los conflictos es imprescindible, pero también lo es garantizar que formen parte de las soluciones y de los espacios donde se decide el futuro de sus comunidades.
Memoria, justicia y reparación
Recordar esta realidad cada 19 de junio implica algo más que conmemorar una fecha. Significa denunciar que la violencia sexual sigue utilizándose como arma de guerra en pleno siglo XXI y reivindicar la responsabilidad de los Estados, los organismos internacionales y la sociedad en su conjunto para combatirla.
En el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, Naciones Unidas recuerda que proteger a las víctimas, garantizar la rendición de cuentas y prevenir estos crímenes sigue siendo una tarea urgente. La violencia sexual continuará siendo una amenaza para la paz, la seguridad y los derechos humanos en todo el mundo mientras las guerras sigan utilizándola como arma.


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