La Luna también es de las mujeres

Más de medio siglo después de la histórica misión del Apolo 11, el mundo vuelve a mirar al cielo. Aquel 20 de julio de 1969, con Neil Armstrong dando “un pequeño paso”, comenzó una nueva era. Pero hoy sabemos que aquel logro no fue solo obra de los astronautas, sino también de muchas mujeres cuyo trabajo quedó en la sombra.

Pero esta vez hay algo que cambia el relato. Por primera vez, una mujer ha formado parte de esta travesía alrededor de la Luna. La astronauta Christina Koch se ha convertido en la primera mujer en viajar más allá de la órbita terrestre y rodear la Luna, incluyendo su cara oculta.

La misión, lanzada a comienzos de abril de 2026, ha completado un viaje de unos diez días alrededor de la Luna, alcanzando la mayor distancia jamás recorrida por seres humanos desde la Tierra. A bordo de la nave Orion viajaban cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— en una misión que no solo ha probado la tecnología para futuros alunizajes, sino que también ha marcado un antes y un después en términos de representación.

50 años del primer viaje a la luna

Hace nada más y nada menos que 50 años, un domingo 20 de julio de 1969, cerca de 500 millones de personas de todo el mundo fueron testigos ante los televisores de la llegada del hombre a la luna. Y no, la palabra “hombre” en este contexto no es sinónimo de “Humanidad”, como diría la RAE. Es eso: hombre, varón. En aquel tiempo, los años 60, no solo no se cuestionó que quien debía llegar a la luna era un varón, sino que ni si quiera se llegó a tener en la mente ni un segundo que quien lo hiciera fuera una mujer. De hecho, la NASA no permitió que entraran mujeres en su cuerpo de astronautas hasta 1978.

Finalmente, fue el astronauta Neil A. Armstrong quien dio los primeros pasos sobre la luna.  Al tocar la superficie, Armstrong pronunció una de las frases más conocidas de nuestro tiempo: «Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad». Apolo dio nombre al programa espacial que, según la NASA, está considerada como uno de los momentos más significativos de la historia de la Humanidad y la Tecnología.

Sin embargo, Armstrong no fue el único en viajar hasta allí. Otros dos astronautas le acompañaban en el viaje al satélite. Eran Michael Collins y Buzz Aldrin. Pero detrás de ellos, también hubo un amplio grupo de personas que trabajaron para que tal fin fuera posible. Entre ese equipo estaba un conjunto de matemáticas de las que poco se habla, pero que fueron claves, especialmente en el éxito del regreso del Apolo XI a la tierra. Con complejos cálculos matemáticos, lograron la fórmula para evitar que la nave se desintegrara al volver a entrar en la atmósfera.

Las mujeres, la cara oculta del viaje del Apolo 11

Después de ese «gran paso», el Apolo 11 tenía que regresar a la Tierra. Era la parte más difícil de la misión. La nave corría el riesgo de desintegrarse. Evitar que eso ocurriese dependía de complejos cálculos matemáticos realizados con la simple ayuda de un papel, lápiz y calculadoras mecánicas. Se ocuparon de ello, entre otras, Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, tres afroamericanas que trabajaban como matemáticas en la NASA. Todo ello en una época en la que los protocolos no permitían mujeres, y menos aún negras, eran conocidas como las “computadoras humanas”.

De entre todas ellas, Katherine Johnson tuvo un protagonismo esencial durante la misión a la luna. Trabajaba en la NASA como matemática. Fue la responsable de llevar a cabo los cálculos para sincronizar el módulo de aterrizaje —el Eagle— con el módulo de mando —el Columbia y que así pudieran acoplarse para volver a la Tierra.

Para imaginar la complejidad de su tarea, para que la nave aterrizara en el lugar deseado, había que tener en cuenta factores como la rotación de la Tierra y la variación de la fuerza de gravedad. Esos cálculos, tan precisos, llevaron a que el Apolo 11 consumara su misión. Trabajó más de catorce horas diarias en el programa de retorno. También calculó, en 1959, la trayectoria del vuelo espacial de Alan Shepard, el primer estadounidense que viajó al espacio, y un año más tarde fue reclamada por la NASA para verificar los resultados de las computadoras electrónicas que calculaban la órbita alrededor de la Tierra del astronauta John Glenn.

Por su parte, Dorothy Vaughan fue una matemática que se convirtió en la primera supervisora y manager afroamericana de la NASA. Fue supervisora de Katherine y también de Mary W. Jackson, otra matemática e ingeniera aeroespacial afroamericana cuyos cálculos fueron cruciales para distintas misiones, incluyendo la del Apolo 11.

Katherine Johnson, en la NASA en 1966. NASA

Sus logros pasaron desapercibidos durante años, hasta que Hollywood lo llevó a la gran pantalla en la película «Figuras Ocultas». El film refleja las barreras a las que tuvieron que enfrentarse estas mujeres.

Más mujeres que nos llevaron a la luna

Joann Morgan, ingeniera.

Pero hubo más mujeres tras el Apolo 11: Joann Morgan, ingeniera y controladora de instrumentación, con tan solo 28 años, fue la única mujer presente en una sala de mando en el momento del lanzamiento del Apolo 11. Se encargó así de controlar los críticos momentos iniciales del despegue del Apolo 11. Fue también la primera ingeniera aeroespacial que se encargaba del programa. Trabajó en la NASA hasta 2003 desarrollando algoritmos y sistemas de datos para el procesamiento del lanzamiento de transbordadores espaciales. También fue la primera mujer en ser nombrada ejecutiva senior en el Centro Espacial Kennedy.

Margaret Hamilton, matemática y científica computacional

Por su parte, Margaret Hamilton estuvo al frente del equipo que diseñó el programa informático que controló el funcionamiento de todos los sistemas durante la misión espacial. El software que diseñó para la NASA marcó un antes y un después en la historia de la informática, ya que era capaz de distinguir qué tareas eran importantes y cuáles no, toda una revolución en aquel momento.

Hamilton era matemática, tenía 32 años y un gusto exquisito por la perfección: insistió en probar todo y simular todo tipo de situaciones probables con tal de identificar posibles problemas. Ese rigor salvó a la misión lunar del fracaso: Cuando faltaban pocos minutos para aterrizar sobre la superficie lunar, saltaron las alarmas con el código 1201 y 1202. Armstrong avisó al centro de control y debieron decidir en segundos si abortar la operación o seguir adelante. Hamilton y su equipo gritaron: «¡Go, go, go!”. La acción del software, en este caso, fue eliminar las tareas de menor prioridad y restablecer las más importantes. Si la computadora no hubiera reconocido este problema y tomado medidas de recuperación, no hubiéramos podido hablar del éxito de la misión. Y todo ello gracias a Margaret Hamilton.

Margaret Hamilton frente a una montaña de código que ella misma había tecleado junto a su equipo para la misión Apolo 11. WIKIPEDIA

En aquellos años no se estudiaba informática en las universidades. De hecho, fue la propia Hamilton quien acuñó el término «ingeniería de software» que ahora da nombre a toda una disciplina informática. La fiabilidad de su programa hizo que se usara como base para misiones espaciales posteriores. Continúo trabajando para la NASA hasta 1986, cuando fundó su propia empresa de software. La mayor parte de su trabajo en la agencia espacial consistió en diseñar códigos.

Frances Northcutt, ingeniera

Otra mujer fundamental fue Frances Northcutt, también conocida como «Poppy». Era matemática. Con tan solo 25 años se convirtió en 1968 en la primera mujer que trabajó como ingeniera en el centro de control de las misiones Apolo de la NASA. De sus cálculos dependía directamente la trayectoria que las naves espaciales debían seguir para regresar de la luna. Poppy entró a la NASA en 1965 y desde un comienzo se puso a trabajar en las misiones Apolo para explorar la Luna. Junto al resto del equipo, programó las computadoras para evaluar si llegar a la luna era factible. Su trabajo fue preponderante para conquistar la luna, momento en el que también participó analizando el camino de regreso de la nave.

Judith Love Cohen, ingeniera eléctrica aeroespacial

En lo que corresponde a Judith Love Cohen, fue una ingeniera eléctrica aeroespacial que trabajó en el sistema de guía de cancelación del programa. De tal modo que contribuyó a planificar una órbita de regreso a la tierra en caso de que la tripulación tuviera que abortar la misión antes de llegar a la luna. Frustrada por la falta de referentes femeninos para niñas interesadas en ciencia, matemática y tecnología, se retiró de la ingeniería para escribir una serie de libros titulado “Tú puedes ser una mujer…” en las que alentaba a las mujeres a convertirse en botánicas, astrónomas, químicas, jugadoras de básquet y biólogas marinas, entre otras.

Susan Finley, Judy Sullivan y Saydean Zeldin

También fue fundamental el trabajo de Susan Finley, integrante de un equipo compuesto íntegramente por mujeres que se encargaba de realizar los cálculos necesarios

Judy Sullivan durante la cuenta atrás. Era la única mujer en la habitación. NASA

para verificar el correcto funcionamiento de los sistemas y garantizar las comunicaciones. Gracias a su labor, la transmisión del Apolo 11 pudo escucharse en todo el mundo.

Por su parte, Judy Sullivan, ingeniera principal del sistema biomédico y primera mujer contratada por la NASA para apoyar las pruebas de naves espaciales, supervisó durante la cuenta atrás los datos proporcionados por los sensores de los astronautas, controlando parámetros clave como la respiración, la temperatura corporal y el ritmo cardíaco.

Finalmente, Saydean Zeldin desarrolló el software que permitía a los astronautas controlar los motores de la nave, tanto en las fases más largas del viaje como en los momentos más delicados de la misión.

Las contribuciones de todas ellas evidencian que, detrás de las pisadas de Armstrong, hubo muchas mujeres invisibilizadas cuyo trabajo hizo posible que llegar a la Luna dejara de ser un sueño.

Artemisa II: mujeres visibles en la nueva carrera lunar

Christina Koch, primera mujer en viajar más allá de la órbita terrestre y rodear la Luna.

La misión Artemis II, lanzada este 2026, ha marcado un hito al convertirse en el primer viaje tripulado alrededor de la Luna desde 1972. A bordo de la nave Orion viajaron cuatro astronautas, entre ellos Christina Koch, quien se ha convertido en la primera mujer en viajar más allá de la órbita terrestre y rodear la Luna, incluyendo su cara oculta.

Su presencia no es simbólica, sino el reflejo de un cambio estructural en la exploración espacial. Si en 1969 las mujeres eran imprescindibles pero invisibles, hoy forman parte visible y protagonista de la misión.

Pero, como entonces, también hay muchas mujeres trabajando desde la Tierra. Ingenieras, científicas, programadoras y especialistas en telecomunicaciones participan en el desarrollo de sistemas, la gestión de datos, la seguridad de la misión y las comunicaciones. Muchas de ellas continúan el legado de figuras como Katherine Johnson o Margaret Hamilton, pero en un contexto donde —aunque aún con desafíos— su trabajo empieza a recibir el reconocimiento que merece.

Mujeres que forman parte del proyecto:

  • Liliana Villarreal, de origen colombiano, se desempeña como directora de Aterrizaje y Recuperación. Coordina la recuperación de los astronautas y de la nave Orión tras su amerizaje en el océano Pacífico, una fase crítica para el cierre seguro de la misión.
  • También colombiana, Diana Trujillo forma parte del equipo de control de misión. Desde allí supervisa el vuelo en tiempo real y participa en la toma de decisiones ante cualquier eventualidad durante la travesía en el espacio profundo.
  • Por su parte, Rosa Ávalos-Warren, de origen peruano, está a cargo de las redes de comunicación espacial, garantizando que la conexión entre la nave y la Tierra se mantenga estable incluso a grandes distancias.
  • Mientras tanto, Christina Koch forma parte de la tripulación que viaja a bordo de Orión. Ingeniera eléctrica y astronauta con experiencia en misiones de larga duración, participa en la operación de la nave, en la ejecución de pruebas en el espacio profundo y en la validación de sistemas para futuras misiones.

Artemisa II no solo prueba la tecnología que permitirá volver a pisar la Luna. También redefine quién forma parte de ese logro. Porque esta vez, la historia no se escribe solo sobre la superficie lunar, sino también sobre la visibilidad de quienes siempre han estado ahí.

Hoy: Día Internacional de las Niñas en las TIC

Este nuevo capítulo coincide con una fecha especialmente significativa: el Día Internacional de las Niñas en las TIC, una iniciativa impulsada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones para fomentar vocaciones tecnológicas en niñas y jóvenes. Porque más allá del hito tecnológico, surge una pregunta esencial: ¿qué hace posible un avance de esta magnitud?

La respuesta está en las TIC, el entramado invisible que sostiene cada misión espacial contemporánea: sistemas de navegación y control, desarrollo de software avanzado y simulaciones, inteligencia artificial aplicada al análisis de datos y comunicaciones en tiempo real entre la Tierra y el espacio profundo.

Sin esta infraestructura tecnológica, misiones como el Apolo 11 o Artemis II no serían posibles.

Y, sin embargo, este ecosistema de innovación presenta todavía una brecha significativa: según datos de la UNESCO, las mujeres representan aproximadamente el 22% del talento en tecnologías de la información y la comunicación a nivel global, mientras que en el sector aeroespacial su presencia en roles técnicos sigue por debajo del 30%.

No se trata solo de una cifra, sino de una consecuencia directa en la construcción del futuro: los sistemas que permiten llegar a la Luna, explorarlas o regresar de forma segura están diseñados todavía con una participación femenina limitada.

En este Día Internacional de las Niñas en las TIC, la reflexión no se queda en el presente, sino que apunta directamente al futuro: Más que nunca, es fundamental que las niñas vean referentes reales en la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Que sepan que pueden ser quienes diseñen el próximo software espacial, lideren misiones o caminen sobre la Luna.


Jéssica Murillo, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género. (Actualizado por Concilia2) 

23 Abr, 2026

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