8 de Marzo 2021. Análisis de un año marcado por la pandemia

8 de Marzo 2021. Análisis de un año marcado por la pandemia
8 marzo 2021 Laura L. Ruiz
La celebración del 8 de marzo añade las reivindicaciones visibilizadas por la pandemia

La pandemia y los efectos de la crisis económica visibiliza que las mujeres son las que más sufren la precariedad, la inestabilidad laboral, la falta de conciliación y la brecha salarial.

Por segundo año, el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, no contará en España con la convocatoria de huelga ni con grandes manifestaciones. La aparición de la pandemia primero y el actual momento de contagios que vive el país no lo permite, pero esto no significa que se frenen las reivindicaciones.

Las trabajadoras, ¿peor o mejor?

Son numerosos los estudios que confirman que la situación por esta pandemia (la desigualdad laboral, sanitaria y social), ha hecho que las mujeres hayan sido de las más afectadas por esta crisis. De forma directa, corriendo más peligro de contagio al hacerse cargo de los ciudadanos y de empleos en primera línea; y de forma indirecta, al tener más dificultades para el aislamiento, el tratamiento y la imposibilidad de autocuidarse en muchos casos. 

Además, en el plano laboral, la peor parte en la destrucción de empleo se la han llevado las trabajadoras. La tasa de paro femenino ha crecido por encima de la tasa de los hombres, según datos del INE. Un dato que arrastra España desde la crisis económica anterior y que la crisis sanitaria actual empeora. Según el Instituto de la Mujer, las cifras del último trimestre de 2020 muestra que la brecha de género se amplía. El empleo femenino solo ha crecido en el sector sanitario y los servicios sociales. 

Teletrabajo, ¿una solución o un problema?

Uno de los efectos más inmediatos que se produjo en la pandemia fue que el teletrabajo se disparó. El Estado de Alarma y las restricciones que le siguieron hicieron que muchas empresas tuvieran que implementar esta forma de trabajo y el Gobierno tuvo que legislar de forma urgente.  Pese a que en un principio, liberar a las trabajadoras y trabajadores de acudir de forma presencial al trabajo es una buena idea para la conciliación, la realidad ha demostrado que no es suficiente. 

Muchas mujeres ha denunciado estos meses la imposibilidad de compaginar el trabajo doméstico, el cuidado de menores o mayores al cargo y trabajar en un mismo espacio. De hecho, los análisis han evidenciado que incluso el lugar que ocupa cada uno para teletrabajar dentro de casa responde a la desigualdad de género. Mientras para los hombres queda reservado el espacio más silencioso y apartado de la casa, las mujeres acaban ocupando espacios múltiples como el salón o la cocina. 

Reducción de jornada, siempre de las mujeres

Ante esta imposibilidad de atender todo de forma simultánea, muchas mujeres y familias no han podido hacer otra cosa que renunciar a sus trabajos de forma total o parcial. El portal Malasmadres lo sacaba a la luz con una macroencuesta en la que señalaban que una de cada cuatro mujeres con hijos dejó su trabajo o pidió una reducción de jornada durante la pandemia. 

Si la conciliación laboral ya era un reclamo antes de la crisis por Covid, esta ha hecho imprescindible este reclamo. Desde la petición de que los cuidados y la perspectiva de género fuera aplicada a la fase de desescalada, hasta los fondos de reconstrucción. Porque si algo se ha demostrado es que el liderazgo femenino trae resiliencia frente a problemas globales como los que vivimos y aportan la diversidad que las empresas necesitan en un mercado cada vez más fragmentado. 

Las esenciales: las mujeres

Otro de los aprendizajes de esta pandemia ha sido ver que los empleos sanitarios, de cuidados y de bienes de primera necesidad han sostenido la vida estos meses. Precisamente son sectores donde las mujeres tienen más presencia. Sanitarias, limpiadoras, empleadas de alimentación, auxiliares de dependencia, en residencias, etc. Pese a su valor social, nombrando estos empleos ‘esenciales’, la brecha salarial para las mujeres es altísimo

Los últimos datos a nivel europeo y español, destacan que la crisis ha hecho que aumente. Hasta 121 años tardaríamos en llegar a la igualdad salarial si el avance fuera tan lento como hasta ahora. Y es que los Técnicos de Hacienda (Gestha) situaron en febrero que los salarios de las mujeres deberían crecer un 28,6% para haber igualdad real y efectiva de remuneración por trabajo. 

Medidas, necesarias pero ¿suficientes?

Frente a esta perspectiva existen regulaciones que aumentan con el objetivo de llegar a la igualdad real entre hombres y mujeres. Estos serían los Planes de Igualdad empresarial, que pretenden analizar la situación en cada organización y poner una estrategia para paliar las desigualdades. También la Legislación sobre Igualdad Salarial, que establece registros desagregados por género y auditorías. Y los recientes complementos por maternidad, que pretenden paliar la injusta situación de cotización de las mujeres cuando se han hecho cargo del cuidado de los hijos e hijas. 

Esta falta de corresponsabilidad aún dentro de las familias hace que sea más difícil para las mujeres compaginar familia y carrera profesional. Una carrera que hasta ahora se estaba fomentando, aumentando la formación especializada de las mujeres, su presencia en sectores tan vitales como la ciencia o la tecnología o el liderazgo femenino en las grandes corporaciones. 

Reivindicaciones más allá de la crisis por Covid

Además de las situaciones que la crisis sanitaria ha empeorado, están los reclamos que desde el movimiento feminista y sindical se llevan reclamando desde hace muchos años. Como la situación del trabajo doméstico y sus empleadas.

Se trata de un sector mayoritariamente femenino que cuenta con precariedad y con menos protección ya que no está dentro del Estatuto de los Trabajadores. También está la situación de las mujeres en el momento de la jubilación, donde la brecha aumenta de forma desproporcionada al arrastrar la desigualdad de cotización en el franquismo y los primeros años de la Democracia. 

Igualdad laboral, vacuna contra la violencia machista

Por último, pero no menos importante, es la vinculación que hay entre la igualdad laboral como herramienta para acabar con una de las lacras más mortíferas del machismo: la violencia de género. Por un lado, el empoderamiento económico hace que las mujeres tengan más capacidad para huir de las garras de sus maltratadores y puedan tener más alternativa al de una vida de agresiones y miedo. Al mismo tiempo, el confinamiento también ha supuesto un aislamiento de muchas trabajadoras, que contaban con el presencialismo como una forma de escape y de buscar ayuda a su situación como víctimas del maltrato. 

Por estos y por muchos más motivos, las celebraciones y reivindicaciones de este 8 de marzo deben estar presente los 365 días del año. Solo así se podrá acabar con las desigualdades y la violencia contra las trabajadoras y contra las niñas y mujeres en general. 

 


Laura L. Ruiz, periodista experta en igualdad

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