Sin educación no hay igualdad.

Sin educación no hay igualdad.
21 enero 2019 Jessica Murillo

El 3 de diciembre de 2018, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por consenso una resolución que proclama el 24 de enero como el “Día Internacional de la Educación”. El fin es visibilizar el papel desempeñado por la educación en favor de la paz, del desarrollo y la igualdad. De ese modo, la ONU insta a que se adopten medidas para garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad a todos los niveles y en igualdad de oportunidades para mujeres y hombres, consciente de que trabajar la igualdad de género en la escuela es esencial para eliminar los roles y estereotipos. En este sentido, entra en juego la coeducación.

Coeducar significa educar en igualdad, detectar todos los estereotipos asociados a lo masculino y lo femenino, ser conscientes de ellos, desmontarlos y no transmitirlos. Sin embargo, al tener un sistema educativo de escuela mixta, es habitual pensar que la igualdad en la escuela ya se ha conseguido, puesto que niñas y niños estudian en las mismas aulas y con el mismo curriculum académico. No obstante, al ser el machismo global, también impregna a la escuela, donde aún coexisten actitudes y valores tradicionalmente considerados propios de chicas o de chicos. Es por esta razón que se puede afirmar que un sistema educativo formalmente igualitario no garantiza la igualdad real cuando persiste la transmisión de esos valores y actitudes. La desigualdad aparece en lo que se denomina el curriculum oculto.

El currículum oculto se define como el conjunto de aprendizajes que se transmiten en el centro educativo sin que ni el propio profesorado ni el alumnado sean conscientes de ello. Así, la escuela va transmitiendo conocimientos y valores que se van interiorizando como naturales. Esto significa que lo que se estudia y cómo se estudia, así como el entorno donde se lleva a cabo ese aprendizaje, influye en las niñas y los niños.  Forman parte del currículum oculto, entre otros, las normas del centro educativo, el espacio de recreo, quienes ocupan los cargos de dirección, las personas que se invitan a las charlas o se ponen de ejemplo, quienes protagonizan los problemas de matemáticas y las oraciones que se analizan, así como las mujeres y hombres que se estudian en las diversas asignaturas.

Si se examinan los cargos de dirección de los centros educativos, se evidencia que la mayoría de las personas que los dirigen son hombres. Cuanto más alto es el nivel educativo, hay menor presencia de mujeres dirigiéndolos. Y todo ello a pesar de que las mujeres son mayoría como docentes. La razón de ello se encuentra en el techo de cristal.

En cuanto al uso de los espacios, se ve muy bien en los recreos. Los niños ocupan el centro de las pistas deportivas, mientras que las niñas permanecen en los márgenes de las mismas.

Además de ello, se encuentra un amplio androcentrismo en los contenidos curriculares, tanto en lo que se estudia como a quién se estudia, cómo y con qué imágenes. Esto se puede comprobar abriendo cualquier libro de la escuela y buscando cuántas mujeres aparecen. El mayor estudio sobre la presencia de mujeres en los materiales educativos, publicado por Ana López-Navajas en el año 2011 y que analizó 115 manuales de tres editoriales, contó de media un 7,5% de apariciones de mujeres en todas las asignaturas de ESO. Se estudia en masculino y, por tanto, los referentes que se tienen también son masculinos.

Por todo ello, la coeducación ha de ser considerada como un principio transversal, es decir, ha de estar presente en cada uno de los elementos curriculares, objetivos, contenidos, espacios y materiales. Solo de ese modo, se podrá conseguir el objetivo que propone la ONU y aspirar a una sociedad mucho más justa e igualitaria.

Jéssica Murillo, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género

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