Portugal amplia la definición de violación. ¿Debe España seguir la estela del país vecino?

Portugal amplia la definición de violación. ¿Debe España seguir la estela del país vecino?
14 enero 2019 Jessica Murillo

El Parlamento de Portugal ha enmendado por unanimidad la ley para ampliar la definición de violación con el fin de que cubra todo sexo sin consentimiento. Hasta este momento, la ley requería que hubiera violencia para que se determinara como violación. Portugal se suma, de ese modo, a los otros siete países europeos que cuentan con leyes en este mismo sentido. Se trata de Bélgica, Chipre, Reino Unido, Islandia, Irlanda y Luxemburgo.

La enmienda busca así acercar la legislación al Convenio de Estambul, un tratado internacional para la prevención y actuación contra todas las violencias que se ejercen sobre las mujeres por el hecho de serlo.  El artículo 36 del mismo estipula que las autoridades deberán adoptar todas las medidas necesarias para garantizar que el sexo no consentido sea tratado siempre como delito.

A pesar de que dicho convenio ha sido ratificado por más de veinte Estados europeos, la mayoría de ellos no han modificado aún sus definiciones legales de violación. España lo ratificó en 2014, pero todavía no lo ha trasladado a su Código Penal, a pesar de que las cifras oficiales alertan sobre la necesidad de hacerlo.

Según esos datos oficiales, en nuestro país se presenta una denuncia por violación cada cinco horas. Una estadística que no para de crecer. Y eso que solo se llega a denunciar uno de cada cinco casos. La razón para no hacerlo se encuentra en la desconfianza en la justicia, el miedo, las coacciones y el juicio paralelo de la sociedad que sigue responsabilizando a las víctimas como responsables, poniendo en duda sus testimonios.

Mientras tanto, las denuncias por agresiones sexuales en grupo no cesan. Desde el caso de la Manada, se han registrado varias agresiones sexuales similares y grabadas en vídeo. Hay más de una veintena de agresiones sexuales en grupo investigadas en 2018. El nuevo año, que apenas acabamos de estrenar, contabiliza ya dos. El último ha ocurrido en Callosa d’en Sarriá, en Castellón. Incluso se jactan de ser la nueva “Manada”. “Esa utilización de la terminología ‘La Manada’ por parte de hombres jóvenes da la sensación de que están replicando un comportamiento como si fuera heroico”, apunta Marisa Soleto, de la Fundación Mujeres.

Todo ello se relaciona con el aumento del consumo del porno, basado en roles y estereotipos sexistas: el varón activo frente a la mujer sumisa que subordina toda su sexualidad a la de él. Un porno cada vez más violento que se comienza a consumir en edades muy tempranas, entre los 11 y los 12 años. De hecho, el vídeo de la violación de La Manada es uno de los más buscados en las páginas porno. La juventud pasa así a entender que el sexo como una relación de poder y humillación. Normaliza la violencia sexual, pasando a ver a las mujeres como simples objetos al servicio de los hombres. Esto hace que la mayoría de los violadores no tengan conciencia de delito ni se vean como culpables, porque han normalizado la agresión y la cosificación de las mujeres a su disposición. Buscan el dominio sobre ellas con una sensación alta de impunidad.

Ante ello, la Organización Mundial de la Salud recomienda hablar de sexualidad desde edades muy tempranas. Sin embargo, es habitual eludir el tema. No se trata ni en la familia ni en la escuela, lo que conlleva a que la juventud resuelva sus dudas a través de internet y el porno que reproducen como representación de la realidad. La solución se encuentra en una educación sexual que destruya la cultura de la violación. También aplicar la ley con perspectiva de género, así como la incorporación de políticas públicas dirigidas a prevenir y combatir las violencias sexuales.

Jéssica Murillo Ávila, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género.

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