Mujeres con ciencia

Mujeres con ciencia
18 febrero 2019 Jessica Murillo

El pasado lunes se conmemoró en todo el mundo el Día Internacional de las mujeres y las niñas en la ciencia. El fin es el fin romper los estereotipos y, de ese modo, despertar vocaciones científicas para lograr el acceso y la participación plena y equitativa de mujeres y niñas en este sector.

Jéssica Murillo Ávila, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género

Corría el año 2015 cuando se instauró el 11 de febrero como el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia por la Asamblea General de las Naciones Unidas. El propósito es lograr el acceso, la plena participación y el empoderamiento de las mujeres y las niñas en la ciencia y visibilizar el trabajo de las científicas, así como fomentar la vocación investigadora en las niñas. La falta de referentes femeninos y la brecha de género en los sectores de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas provocan la necesidad de este día.

En la historia de las ciencias, los hombres aparecen siempre como figuras destacadas. De hecho, si tuviéramos que nombrar a una científica que hayamos estudiado en la escuela, difícilmente nombraríamos alguien más que a Marie Curie.

Las mujeres y sus logros apenas aparecen en los libros de texto, y las pocas veces que lo hacen es en secciones pequeñas o en un recuadro, dando a entender que el saber masculino es el universal y que la presencia de mujeres en las ciencias es algo anecdótico. Este hecho conlleva a ideas equivocadas como que las mujeres no sirven para las ciencias. Asimismo, la falta de estos referentes impide a las niñas sentirse reflejadas y aspirar a estas profesiones. A esto se suma que el 97% de los premios Nobel en Ciencia han ido a parar a manos de hombres, reforzando de nuevo el estereotipo e impidiendo tomar otros referentes.

Esta es la razón por la que cuando preguntamos a las estudiantes sobre ciertas decisiones en torno a sus profesiones, suelen afirmar que es porque les gusta o porque no se ven capacitadas para otras áreas. Sobre esto, diferentes estudios han puesto de manifiesto que mujeres y hombres hacen sus elecciones profesionales de acuerdo con la idea de lo que es más correcto para cada género. Un estudio publicado en la revista Science asegura que la falta de interés en la ciencia y la tecnología por parte de las niñas tiene su origen en las edades más tempranas, en torno a los 6-7 años, cuando ya han interiorizado estereotipos como atribuir a los hombres más que a las mujeres el talento, la brillantez o la inteligencia necesarias para abordar materias abstractas y complejas. El último informe PISA lo constata: las niñas se creen menos capaces de alcanzar objetivos con habilidades científicas. En este sentido, también un informe publicado por la OCDE asegura que las niñas afrontan con mayor ansiedad que los niños las materias relacionadas con ciencias y, por lo general, se sienten más presionadas y peor dotadas para asignaturas como matemáticas o física. Y todo ello a pesar de que un estudio realizado en EEUU por Ann Gallagher y James Kaufman revela que no existen diferencias de género en el rendimiento de las matemáticas, datos que contrastan con que la matriculación femenina en estas áreas apenas supera el 27% en ingeniería y carreras técnicas. Él y la autora explican que lo normal es que las alumnas tengan una percepción errónea de sus aptitudes en matemáticas y asignaturas científicas porque son menos valoradas por el profesorado, familia, compañeros y compañeras, lo que explicaría la elección de estudios tradicionalmente masculinos en ellos, y tradicionalmente femenino en ellas.

Todo lo dicho explica por qué, según un reciente estudio publicado en España, la proporción de chicas que quieren estudiar ciencias a los 15 años es tres veces menor que la de los chicos.

Una vez que finalizan sus estudios, también existe un techo de cristal que impide a las mujeres llegar a los puestos más altos. El informe «Mujeres Investigadoras 2017» publicado por el CSIC, sentencia que solo el 25% de las mujeres alcanzan los puestos de máxima responsabilidad en la ciencia. Esto se debe, entre otros motivos, a la falta de conciliación, los prejuicios machistas que hacen que sus trabajos no sean igual de reconocidos y la consiguiente dificultad para conseguir financiación en sus proyectos. Por lo tanto, para cambiar esta situación tenemos que cambiar primero las mentalidades. Un estudio publicado en ‘The Lancet’ afirma que existe un sesgo de género entre quienes valoran las candidaturas. Este desequilibrio influye a su vez en las investigaciones científicas, donde apenas se abordan los temas que afectan a las mujeres, estableciendo un importante sesgo de género en las investigaciones.

Para avanzar es necesario educar en igualdad, crear relaciones de confianza y empoderamiento para romper estos estereotipos, ampliar la capacidad de elección y recuperar del oscurantismo la contribución de las mujeres en la ciencia.

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