“La RSE me suena a chino”

“La RSE me suena a chino”
6 mayo 2010 Celia Zafra

Esta semana hemos estado trabajando en varios  proyectos para realizar memorias de RSE a pymes de la provincia de Albacete. En uno de los proyectos se incluye un estudio sobre la visión que tienen las empresas locales de la responsabilidad social, y aunque seguro que las conclusiones que extraigamos de él cuando llegue el momento serán muy interesantes, una de ellas ya la intuimos: a la mayoría de las pymes, esto de la RSE les suena a chino.  (Aprovecho para dar las gracias a ADECA, FEDA y CEEI-Albacete por confiar en Concilia2 para diseñar este proyecto)

Les suena a Iberdrola y sus anuncios “verdes”. A Acciona y el hombre que explota. A donaciones al club de jubilados. A la recaudación navideña para África (así, en general). Y en el mejor de los casos a trámite.

Hay algunas empresas conscientes de que sus actividades no son inocuas, de que lo que hacen o dejan de hacer influye en su entorno, en las personas que trabajan para ellas y en muchas otras indirectamente, pero tener una visión integrada de la responsabilidad social en su día a día les supone  un esfuerzo tremendo si la empresa no nació ya con esa premisa. Es algo para lo que puede haber voluntad, pero que raramente se concibe como una necesidad. Lo mismo que le pasa a la comunicación: ¿cuantas pequeñas compañías se esfuerzan por mejorar sus productos o el servicio que prestan pero no dedican ni un minuto a contar que lo han hecho? Pues eso.

Lo intentó la Unión Europea a través de su Libro Verde y el gobierno acaba de cerrar la convocatoria de ayudas para implantar la RSE en las pymes, pero no es fácil. Muy interesante es el estudio que elaboraron David Murillo y Josep Maria Lozano para el Instituto Persona, Empresa y Sociedad (IPES) del ESADE en 2006 sobre la distancia entre el discurso de la RSE y su calado en las pymes, en este caso catalanas, una de cuyas conclusiones es que la interiorización o no de este concepto depende en buena medida del liderazgo de cada empresa. O sea, del convencimiento del emprendedor o emprendedora.

Se ha avanzado más en el ámbito de calidad, medio ambiente o riesgos laborales, porque la legislación ha ido convirtiendo en obligatorio lo que antes sólo era recomendable, pero muy poco en igualdad de oportunidades, por lo reciente de la ley (aunque ya tiene tres años) o en organización de los tiempos de trabajo, terreno en el que casi todo es voluntario. Además, en momentos de crisis prácticamente nadie se atreve a plantear la necesidad de afrontar estos temas, ni siquiera aludiendo a sus bondades en términos de rentabilidad.

Me quedo con  una frase de Xavier Martínez, director general de TECNOL, una de las empresas seleccionadas para el estudio que os citaba antes como ejemplo de buenas prácticas: “es más fácil innovar para satisfacer a las personas que innovar en productos”. Entonces ¿a qué esperamos?

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