La Mutilación Genital Femenina, una forma más de violencia contra mujeres y niñas

La Mutilación Genital Femenina, una forma más de violencia contra mujeres y niñas
4 febrero 2019 Jessica Murillo

La Mutilación Genital Femenina, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “comprende todos los procedimientos que involucren la extirpación parcial o total de los órganos genitales femeninos externos o cualquier daño a los genitales femeninos que no sea por razones médicas”. Los motivos son culturales, en cuyo trasfondo se encuentra la subordinación de las mujeres y las niñas y la necesidad de controlar su sexualidad.

Existen diversos términos para aludir a esta práctica como circuncisión femenina, cirugía genital femenina, practica tradicional, escisión, corte, sunna o ablación, entre otros nombres. Diferentes modos de nombrar lo que en realidad es una violación de los Derechos Humanos de las mujeres y las niñas, siendo así una forma extrema de la discriminación contra ellas.

Foto de Naciones Unidas

Foto de Naciones Unidas

La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó el 27 de noviembre de 2012 una resolución que condena la mutilación genital femenina. En el documento exige a los estados miembros su prohibición bajo la consideración de que se trata de un “atropello de los Derechos Humanos de las mujeres y las niñas”. Además, la resolución insiste en que supone una amenaza para la salud mental, sexual y reproductiva de las mujeres. También acordó que el “6 de febrero fuera declarado Día Internacional de la Tolerancia Cero contra la mutilación genital femenina”, al entender que se trata de una forma más de violencia sobre las mujeres. No obstante, hasta hace poco no se consideraba como tal porque se justificaba en que era una práctica cultural y, al darse en el ámbito del hogar, se tenía como un espacio fuera del control de los Estados. Fue la Organización Mundial de la Salud en los 70 quien puso el punto de mira en la Mutilación Genital Femenina. Sin embargo, no es hasta el año 1993, en el marco de la Declaración sobre la eliminación de las violencias sobre las mujeres, cuando se reconoce que las costumbres y las tradiciones culturales no deben servir para atentar contra la integridad de las niñas y las mujeres. También afirma que aquellas prácticas que lo hagan deben ser eliminadas.

Actualmente se calcula que cada once segundos una niña es mutilada en el mundo. 6.000 mujeres cada día. Asimismo, se estima que afecta a más de 200 millones de mujeres y niñas en todo el mundo. Son datos estimados porque se desconoce su alcance real al no existir datos exhaustivos en muchos países.

En los países donde se han documentado más casos son Somalia, Egipto, Sierra Leona y Mali. Recientemente, Sierra Leona ha prohibido esta práctica. No obstante, como consecuencia del fenómeno de la migración, también está presente en otros países a los que emigran poblaciones que lo practican en su origen. En estos casos, se aprovecha un viaje al país de origen para su realización. En el caso de Europa la cifra ronda el medio millón. En España 17.000 niñas están en riesgo, a pesar de que es un delito tipificado en el Código Penal. Asimismo, hasta el año 2030 más de 85 millones de niñas estarán en riesgo por esta práctica. Sin embargo, hay que señalar que más de países, es una cuestión de etnias. De hecho, la Mutilación Genital Femenina está prohibida en la mayoría de países donde se lleva a cabo, pero eso no impide que se siga haciendo, ya que las familias lo ven como algo positivo para las mujeres y las niñas. Esto significa que, si bien una prohibición legal es imprescindible, no es suficiente si no se acompaña de otras estrategias que supongan una trasformación cultural.

Una de las principales creencias que sustenta la mutilación es la del rito de iniciación del paso a la edad adulta. Al casarse no se las consideran puras si no están mutiladas, por lo que la dote es menor o directamente no pueden contraer matrimonio. También existen justificaciones de índole sexual para controlar la sexualidad de las mujeres, ligada a su vez con el honor de las familias. Se cree que su práctica muestra fidelidad y protege la virginidad. Así como que las mujeres mutiladas son más fértiles y que mejora el parto. Además, se atiende a motivos de higiene. Se tiene la idea equivocada de que el clítoris implica suciedad o falta de pureza, transmitiendo temor a esta parte del cuerpo cuya única función es obtener placer. Las causas estéticas tampoco están ausentes. Se cree que el clítoris puede crecer demasiado si no corta.

Foto de Unicef

Se desconoce el origen se esta práctica. Se sabe que es muy antigua. Ya se practicaba en el antiguo Egipto hace unos 5.000 o 6.000 años, en la época de los faraones, como se constata en momias encontradas de esa época. Además, un papiro griego fechado en el año 163 a.C menciona la operación que se les realizaba a las niñas en Memphis, Egipto, a la edad en la que recibían su dote. También, según Heródoto, en el siglo V a.C la escisión se practicaba entre los fenicios, los hititas y los etíopes. Esto significa que esta práctica se ha ejercido en diversos pueblos y sociedades. Según el físico griego Aetios en el siglo VI d.C, la mutilación era necesaria por la presencia de clítoris excesivamente grandes. Ante esta situación, los egipcios consideraron adecuado extriparlos. Asimismo, en la Antigua Roma se utilizaba para evitar mantener relaciones con los esclavos. Se sabe también que era un rito practicado en las zonas tropicales de África y Filipinas por ciertas etnias como rito de iniciación a la edad adulta. En cuanto a Europa y Estados Unidos, la escisión del clítoris fue utilizada por algunos médicos durante los siglos XVIII y XIX como tratamientos para la supuesta histeria femenina, la migraña e incluso la prevención del lesbianismo.

Estas huellas históricas constatan que la mutilación genital femenina no está ligada a ninguna religión. Es algo cultural que responde a las tradiciones de la zona y de la etnia, no a las religiones. Esto significa que, a pesar de encontrar comunidades musulmanas que la practican, no es un precepto islámico, ya que se realizan en sectores musulmanes, judíos y cristianos. Es una práctica pre-islámica. El Corán no hace alusión a ella y 1/3 de los países islámicos no lo practican.

Existen diversos tipos de Mutilación Genital Femenina que se clasifican en función de las zonas extirpadas

Foto de la Asociación Española de Ginecología y Obstetricia

  • Clitoridectomía: Consiste en la extirpación total o parcial del clítoris o del prepucio del mismo.
  • Escisión: Se trata de la extirpación parcial o total del clítoris y de los labios menores con o sin escisión de los labios mayores. Es, junto con la clitoridectomía, una de las mutilaciones más comunes en el 85% de los casos.
  • Infibulación: Se estrecha el orificio vaginal a través de la sutura, cosido o recolocación de los labios menores y/o los mayores para su cicatrización, con o sin extirpación del clítoris. Es la forma más severa y agresiva de mutilación que se realiza en un 20% de los casos
  • Abrasión, cauterización del clítoris… todas aquellas prácticas que suponen lesiones en los genitales femeninos no clasificados en los tipos anteriores.

La realización de unos tipos u otros de mutilación depende de la etnia practicante. Lo que sí tienen todas estas tipologías en común es que repercute negativamente en la salud física y psicológica de las mujeres y las niñas.

Se practica en la mayoría de los casos en la infancia, en el momento de la lactancia, a los 15 años o ya en la edad adulta. Ello depende de cada comunidad, aunque es habitual realizarla a niñas de entre 4 a 14 años, antes de la primera menstruación. La extraordinaria importancia que se le da al tránsito de la niñez a la edad adulta explica por qué se da más en esos tramos de edad. Sin embargo, en estas edades cada vez más niñas se escapan de sus casas ante la inminente preparación del ritual. Por ello, en la actualidad existe una tendencia a practicarlo en edades cada vez más tempranas para evitar las resistencias de las niñas a la mutilación, reducir los efectos traumáticos y, sobre todo, evitar las represalias legales en los países donde se encuentra penada.

El rito se desarrolla en tres fases. La primera de ellas es la de preparación, donde se aisla a las niñas de su comunidad y se las diferencia por alguna marca como el corte de pelo. Le sigue la fase de transición, que es cuando se practica la mutilación, la mayoría de las veces por mujeres de avanzada edad, muy respetas por la comunidad y curanderas. En última instancia se encuentra la incorporación, fase en la que las niñas vuelven a la comunidad ya “convertidas” en mujeres. En este momento, las niñas abandonan la escuela para comenzar a dedicarse a su futuro esposo. En el caso de que no se las someta a esta práctica, pasan a ser rechazadas en su comunidad, tendrán dificultades para casarse y “no merecerán ningún respeto”. Tampoco podrán tocar alimentos ni agua porque “se envenenarán”.

Foto Reuters

La mutilación genital es una práctica muy dolorosa, ya que se suele practicar sin anestesia y con instrumentos cortantes como cuchillos, tijeras, hojas de afeitar, trozos de vidrio, piedras afiladas… Cuando la mutilación es colectiva se utiliza el mismo instrumento para todas. La duración es de quince a veinte minutos, dependiendo de la resistencia que oponga la niña, la cual permanece inmovilizada. Posteriormente, la herida se limpia con alcohol, zumo de limón u otras sustancias como ceniza, hierbas, aceite de coco o excrementos de vaca. El dolor en muchos casos puede dificultar la micción y producir fuertes infecciones. También puede dar lugar a trastornos menstruales, complicaciones obstétricas…. La hemorragia es la complicación más frecuente. También el shock e incluso la muerte.

Es importante conseguir su erradicación a través del empoderamiento de las mujeres, educación, campañas de sensibilización, información, atención y prevención, prohibiciones legales y apoyo a las víctimas.

Jéssica Murillo Ávila, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género.

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