La justicia social sin igualdad de género, una quimera

La justicia social sin igualdad de género, una quimera
20 febrero 2018 Rosabel Rodríguez
La igualdad de género, requisito indispensable y acelerador de un modelo más justo

La ONU aprecia desafíos sin precedentes para la mujer en la antesala del Día de la Justicia Social.

A las viudas, en la India, se las relaciona con el mal karma. Siglos atrás, las quemaban junto a sus maridos cuando ellos morían. Ahora, son enviadas incluso por sus hijos a ciudades sagradas para esperar la muerte. Orilladas y olvidadas, en ellas libran una batalla diaria por llevarse algo a la boca. Con ejemplos como este, que duda cabe que la justicia social, sin igualdad de género, es una quimera.

“Vrindavan (una de esas urbes) es el hambre de género en su expresión más cruda”. La consideración del periodista Martín Caparrós en su libro ‘El Hambre’, da fuerza a esa idea. Además, la acaba de replicar Naciones Unidas. “Cuando los hogares no disponen de suficientes alimentos, las mujeres suelen ser las primeras en pasar hambre”.

El vínculo entre hambre y desigualdad de género parte de un reciente informe. En él, la ONU pasa revista a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. De cumplirse, el salto hacia un mundo más justo e igualitario sería de consideración. Pero ese mundo, aún no es el nuestro.

Día Mundial de la Justicia Social

Conviene no olvidarlo este 20 de febrero, Día Mundial de la Justicia Social. Para ello, la situación de miles de viudas indias es una bofetada de realidad. No es la única. En dos de cada tres países es más probable que la inseguridad alimentaria (hambre) afecte a las mujeres. Además, 330 millones en 89 países se ven forzadas a (mal)vivir con 1’9 dólares al día.

Así, la injusticia social de género se extiende de extremo a extremo del mundo. En él, la discriminación es “generalizada”. Lo es en lo geográfico y en la amplitud de ámbitos en los que se cuela. Ella, valga la redundancia, no discrimina. Lo mismo se evidencia en una mayor tasa de pobreza, que en la desigualdad en el acceso a la educación. Otra muestra. Hay 14 veces más posibilidades de que las mujeres y niñas fallezcan en un desastre natural.

Desafíos “sin precedentes”

Los anteriores son datos aportados por Naciones Unidas, que acaba de analizar los avances de los 18 Objetivos para el Desarrollo Sostenible. Más de 190 estados les dieron luz verde hará dos años y medio. Sin embargo, el estudio revela que la luz sigue más bien roja.

“Las mujeres se enfrentan a un conjunto de desafíos sin precedentes”. Pero los retos no son solo extraordinarios, sino también “desalentadores”. Lo asegura la ONU por realidades como las siguientes:

  • El 20% de las mujeres menores de 50 años denunció violencia por parte de sus parejas en 12 meses. Pese a ello, casi medio centenar de países carecen de leyes contra la violencia machista.
  • Cada año, casi tantas menores como población tiene los Países Bajos (15 millones) son forzadas a casarse. Durante el mismo periodo, tres millones son sometidas a mutilación genital femenina.
  • En 18 países, las mujeres casadas solo pueden trabajar si lo aprueban sus maridos. Además, en 39, los derechos a recibir una herencia no son los mismos si eres hembra.
  • Los cuidados y trabajos domésticos suponen para la mujer un esfuerzo que supera en 2’6 veces el del hombre. Un ejemplo es el aprovisionamiento de agua en áreas sin suministro. Ellas se ven obligadas a hacerlo en el 80% de los casos.
La desigualdad se enquista en las tareas del hogar.

La discriminación de género se extiende incluso al aprovisionamiento de agua.

La estadística, escasa, advierte la ONU, suma y sigue, pasando por una brecha de género que tardará 68 años en corregirse si nada cambia. Es, concluye el organismo, un “circulo vicioso”, que atrapa a la mujer.

Justicia social, en España

España no es, ni de lejos, Vrindavan, ni tantos otros sitios donde la desigualdad se exhibe desnuda de máscaras. Sin embargo, no por ello la discriminación deja de estar presente. Se muestra en los niveles de violencia, en los techos de cristal, en la brecha salarial, en la desigualdad de oportunidades para el acceso al empleo… La lista es larga.

Esto, además, en un país que pierde terreno en lo que a justicia social se refiere. Entre 2008 y 2017, España cayó 10 puestos en este campo, para situarse en el vagón de cola europeo. El pinchazo se explica, entre otros, por un mercado de trabajo en el que los huecos escasean, y por las dificultades para prevenir la pobreza.

Y, precisamente, combatirla con seriedad y luchar por que el bienestar social y el acceso al empleo no sean lujos, sino derechos, son ejes del Día por la Justicia Social. Junto con las anteriores, el fin de la discriminación es otra de las fuerzas motrices. La igualdad de género “no es solo un objetivo importante”, sino que es el acelerador de un “futuro sostenible”, concluye la ONU.

Por ello, en la antesala del 8 de marzo y de la huelga feminista, este 20 de febrero es también momento para exigir un mundo equitativo en el que las mujeres no sigan siendo invisibilizadas, ni enmudecidas, aquí o en cualquier rincón del planeta.

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