El amor no duele: desmontando el amor romántico

El amor no duele: desmontando el amor romántico
11 febrero 2019 Jessica Murillo

Febrero es el mes del amor, pero no de cualquier amor: del amor romántico. El día de San Valentín evidencia que aún está presente en nuestra sociedad.  

El amor romántico es una construcción social y cultural idealizada del amor, que nada tiene que ver con la realidad, lo que hace que en la práctica lleve a la frustración. Se sustenta en una serie de estereotipos convertidos en mitos que educan los afectos y fomentan conductas de abuso y dominación. Una construcción del amor que no es común en todo el mundo ni ha existido siempre. Es tan reciente que hasta hace poco era impensable. Nace en Occidente y se extiende por el resto del mundo a través de la literatura y, sobre todo, del cine.

El doctor en psicología Carlos Yela, auto del libro “El amor desde la psicologia social”, explica de manera muy clara los principales mitos del amor romántico:

  • El mito de la media naranja, derivado del mito amoroso de Aristófanes, supone que toda persona tiene un “alma gemela” predestinada y que, solo con ella, se sentirá completa y feliz.
  • El mito de la exclusividad se basa en la creencia de que solo se puede sentir amor por una sola persona. Es un mito que sustenta otro: el de la monogamia como el estado ideal.
  • El mito de la fidelidad se asienta en la idea de que todos los deseos pasionales deben satisfacerse con una única pareja.
  • El mito de la pasión eterna es la idea, equivocada, de que los sentimientos de amor y erotismo de los primeros meses debe perdurar eternamente.
  • El mito del matrimonio es aquel que asegura que el “amor de verdad” debe conducir a la unión estable en la base del matrimonio. Este mito se liga con el del emparejamiento (heterosexual) como algo natural.
  • El mito del “amor que todo lo puede” lleva a aguantar situaciones intolerables.
  • El mito de los celos como un signo de amor normaliza el control y la posesividad. Este es uno de los mitos más arraigados en la juventud, que no entienden que en realidad los celos son un signo de desconfianza, inseguridad y dependencia.
  • El mito de la equivalencia lleva a pensar que “amor” y “enamoramiento” son equivalentes y que, si una persona deja de sentirse apasionadamente enamorada, es mejor terminar la relación.

Estos mitos se perpetúan a través de los cuentos, las canciones, el cine, los dibujos, las películas, las novelas y los anuncios. En ellos, casi siempre se sigue la misma estructura:

  • Hay una misión en manos del hombre
  • Existe un amor deslumbrante a primera vista
  • Pero se desarrollan una serie de barreras que impide que ese amor triunfe: diferencias sociales y/o económicas, bosques encantados, terceras personas…
  • Mientras intentan saltar esas barreras, los personajes enamorados sufren mucho
  • Finalmente, se superan y triunfa el amor

También existen una serie de roles muy estereotipados: los personajes femeninos son débiles, sensibles, sumisos… que desean encontrar el amor por encima de todo, ya que se cree que a través de ese amor se encontrará la felicidad absoluta. Por el contrario, los personajes masculinos son fuertes, seductores y muy activos. En ellos lo importante no es el amor, sino las aventuras que se van sucediendo hasta que aparece ese amor. Su función es rescatar a la mujer y dar sentido a su vida.

Cada uno de estos mitos que calan hondo en los jóvenes y no tan jóvenes, derivan en violencia de género e influyen en la forma de entender el amor y de relacionarse sentimentalmente. La realidad evidencia estas consecuencias:

En lo que va de año, apenas dos meses, siete mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas. Además, según diferentes estudios, la juventud es capaz de detectar y rechazar las formas más visibles de violencia, como puede ser un empujón o un puñetazo, pero no las más sutiles, como el control de la ropa y las amistades. Asimismo, es habitual escuchar frases como: “si me quisieras, me darías tu contraseña de Instagram”, “eres mía”, “te quiero solo para mi”, “los que se pelean se desean”, “el amor es sufrimiento”, “lo dejaría todo por ti”, “sin ti no soy nada”, “busco mi media naranja”, “el amor lo puede todo”…  Diferentes afirmaciones y formas de control y dependencia que a menudo se confunden con amor. El propio Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) afirma sobre esto que uno de cada tres jóvenes ve inevitable o aceptable el control. Todas estas ideas están fundamentadas en los mitos del amor romántico que naturalizan los celos, el control, el sacrificio, la posesividad y la sumisión como una muestra de amor. Lo que conlleva a que estas conductas no se detecten como abusivas y se confundan con amor. Hechos que desembocan en relaciones tóxicas de dominación y dependencia que, en el peor de los casos, acaba en violencia de género. El problema es que la naturalización de cada uno de esos mitos impide que se detecte como maltrato. La solución está, por lo tanto, en establecer relaciones sanas donde cada persona se sienta libre, independiente y respetada, porque el amor no duele.

Jéssica Murillo Ávila, periodista experta en igualdad e intervención en violencia de género

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