Entradas de la categoría ‘Igualdad’

Acoso sexual. ¿Qué debemos esperar de la Responsabilidad Social Empresarial?

Publicado el Martes, 18 de junio de 2013 por Andrea - Concilia2
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El acoso sexual en el trabajo es una forma más de violencia y desigualdad, a la que hay que hacer frente. La Responsabilidad Social Empresarial es una buena herramienta para prevenir y actuar cuando aparezca.

La principal característica del acoso sexual es la relación que se establece entre dos miembros del mismo centro de trabajo, donde existe un desequilibrio de poder entre acosador y victima. La definición exacta es la siguiente:

“Cualquier comportamiento verbal, psicológico o físico no deseado, dirigido contra una persona por razón de su sexo y con el propósito de atentar contra su dignidad o de crear un entorno intimidatorio hostil, humillante y ofensivo”

Algunos estudios, coinciden en datos como los siguientes. El 18,6% de las mujeres se han sentido discriminadas en el trabajo por el simple hecho de ser mujer. De ese porcentaje, el acoso sexual representa el 2,6%. Un alarmante 49,8% de las empresas no hizo nada ante el conocimiento del acoso sexual de grado leve, un 3,9% cambio a victima o acosador de centro de trabajo y un 1,8% despidió al responsable.

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La Responsabilidad Social Empresarial juega un papel muy importante en este tema. ¿Qué se debe esperar de las empresas para prevenir y actuar contra el acoso sexual?

Para empezar y de manera general, los responsables de la empresa deben garantizar un entorno laboral de igualdad y respeto, con un trato equitativo y sin distinciones entre las personas de distinto sexo, etnia, procedencia, etc, sin discriminación salarial.

Crear y poner en marcha protocolos de actuación internos. Estos protocolos deben contemplar todas las situaciones posibles para saber como actuar ante su aparición. Los protocolos deben ser explicados y conocidos por toda la comunidad laboral.

Ofrecer formación específica a todos los trabajadores. Explicar que es exactamente el acoso sexual, los distintos tipos, grados (leve, grave, muy grave), indicadores de alarma, causas y consecuencias.

Actuar de manera correcta cuando aparezcan casos de acoso laboral. Abrir las investigaciones necesarias, expedientes sancionadores, y denuncias.

Atender a la victima. Ofrecerle el apoyo y las facilidades necesarias para superar el acoso y volver a la normalidad laboral. Orientar respecto a las medidas a tomar, procedimientos, que opciones existen.

Por último, y sobretodo, mostrar una actitud de rechazo ante el acoso sexual y la discriminación a la mujer, tanto dentro como fuera del ámbito laboral.

Dependencia: Femenino, Singular.

Publicado el Martes, 21 de mayo de 2013 por Andrea - Concilia2
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Se entiende como Dependencia al “estado de carácter permanente en que se encuentran las personas que, por razones derivadas de la edad, la enfermedad o la discapacidad, y ligadas a la falta o a la pérdida de autonomía física, mental, intelectual o sensorial, precisan de la atención de otra u otras personas o ayudas importantes para realizar actividades básicas de la vida diaria o, en el caso de las personas con discapacidad intelectual o enfermedad mental, de otros apoyos para su autonomía personal”.

En cualquier situación de dependencia siempre hay dos personas protagonistas. Por un lado, la persona en situación de dependencia y por otro, la persona cuidadora. Según datos oficiales, en la gran mayoría de los casos, el cuidador es una mujer, con una edad alrededor de los cincuenta años, casada y con estudios básicos.

Se trata de mujeres con un rol intrínseco de cuidadoras. Han cuidado de sus hermanos, de sus abuelos, de sus hijos, de sus maridos, y finalmente de sus padres. A pesar de dar tanto por los demás, estas mujeres son las menos cuidadas. Según los datos del Imserso, hay un mayor número de mujeres en los servicios de residencias. Los varones en situación de dependencia permanecen más en el domicilio que sus compañeras.

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Hasta hace poco estas mujeres eran invisibles. Se imponían ideas como “siempre se ha hecho así”, “ellos trabajan”, “ellos no saben”, “es lo que debo hacer”, liberando de la tarea del cuidado de los más mayores y enfermos, a hermanos, maridos, hijos y nietos. De esta manera, si alguien en la familia debía abandonar su trabajo para dedicarse al cuidado 24 horas, ese alguien debía ser la mujer. O si alguien compaginaba ambas actividades hasta el agotamiento, también era la mujer.

Aparece entonces el Síndrome del Cuidador Quemado, y se le pone nombre a las ojeras, al desánimo y al cansancio permanente. Este síndrome se caracteriza por un desgaste y agotamiento mental, emocional y físico que aparece en las personas cuidadoras. Se desarrolla a partir del estrés crónico que supone la dedicación durante las 24 horas del día, siete días a la semana, a cuidados repetitivos y absolutamente necesarios.

Los problemas físicos asociados a este síndrome son principalmente musculares, articulares y estomacales. Los problemas emocionales son la depresión, una autoestima baja, nula motivación, aislamiento. La persona cuidadora deja de lado trabajo, aficiones, compañías, proyectos y metas para centrarse en otra persona.

¿La solución? Empieza por un efectivo cumplimiento de la Ley de la Dependencia, ya debatida, cuestionada y recortada en multitud de ocasiones.

La Corresponsabilidad es esencial. La sociedad debe olvidar el rol de cuidador de la mujer y la idea de “ayudar en casa” debe substituirse por ser corresponsable y participar activamente en estas tareas. Aunque el cuidador principal de la persona en situación de dependencia sea un miembro de la familia en concreto, el resto de la familia no debe lavarse las manos. La organización de horarios y repartimiento de tareas aliviarán la carga del cuidador principal, sin descargarla en otra persona.

Las personas cuidadoras también deben levantar la voz, y pedir ayuda. Delegar en otros familiares o pedir ayuda profesional y sobretodo, cuidarse para poder cuidar.

Género y Salud. Otra desigualdad.

Publicado el Lunes, 13 de mayo de 2013 por Andrea - Concilia2
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Uno de los síntomas más conocidos por la mayoría de la población del Infarto Agudo de Miocardio, es el dolor en el pecho que parece que abarque el brazo izquierdo. Otros síntomas, mucho menos conocidos, son el dolor en el pecho que irradia hasta la mandíbula y un fuerte malestar digestivo. La diferencia entre unos síntomas y otros es que el primero, el dolor del brazo izquierdo, es muy común en hombres que presentan esta dolencia, y por tanto más conocido. En cambio, los otros síntomas son comunes en mujeres,y no llegan a ser tan conocidos y reconocidos por la población. Incluso, en muchos casos, no se relacionan con un Infarto Agudo de Miocardio por la mujer que lo esta padeciendo. Esto provoca un retraso en el diagnóstico que, sin duda, aumenta la mortalidad y las consecuencias.

Este es un pequeño ejemplo de las consecuencias del androcentrismo en el campo sanitario. El androcentrismo significa concebir la salud en masculino. Es decir, se adopta un punto de vista masculino en el estudio y el análisis de dolencias, enfermedades crónicas, incidencias y recaídas, fármacos, eficacia de las terapias, etc. Por tanto, de dichos estudios se extraen conclusiones sesgadas ya que no se han introducido los parámetros corporales, mentales y sociales de las mujeres.

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Las mujeres y los hombres no somos iguales en términos de salud. Según la Organización Mundial de la Salud, existen diferencias que hacen que no debamos ser contemplados por igual. Por ejemplo, las mujeres son más susceptibles de padecer depresión y ansiedad. Los ataques cardíacos, que se suelen atribuir a los hombres, también tienen numerosos casos en mujeres pero suelen permanecer si diagnosticar. También existen diferencias en los efectos de antihístaminicos y antibióticos.

La salud entre hombres y mujeres es diferente y desigual. Diferente, ya que existen factores biológicos que nos diferencian y desigual, por la aparición de factores relacionados con el género que afectan de manera injusta la salud femenina.

Es necesario un abordaje transversal, es decir, incorporar la perspectiva de género. Abordar los problemas de salud desde el punto de vista biológico y social tanto de los hombres como de las mujeres, incluyendo parámetros o indicadores como son los factores sociales asociados al género. Roles familiares, obligaciones, patrones de socialización, tipos de ocupación.

¡Feliz Día del Trabajo!

Publicado el Miércoles, 1 de mayo de 2013 por Andrea - Concilia2
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El día 1 de Mayo celebramos el Día del Trabajo. Aunque teniendo en cuenta los tiempos que corren, la primera reivindicación que nos viene a la mente es simplemente “tener trabajo”, desde Concilia2 reivindicamos lo siguiente:

- Permisos de maternidad y paternidad de mayor duración e iguales, tanto para la madre como para el padre.

- Horarios flexibles, posibilitar las jornadas parciales o el teletrabajo para fomentar la conciliación de la vida laboral, familiar y personal.

- Eliminación de la brecha salarial. Mismo sueldo para el mismo trabajo, sin distinción si el trabajador/a es hombre o mujer.

- Empresas y pymes económica, social y medioambientalmente responsables. Buscar los objetivos de la empresa cuidando el entorno y las personas que están en él. Tener presente la Responsabilidad Social Empresarial.

Y tú, ¿Qué reivindicas?

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Tres mujeres, tres generaciones, distintos derechos.

Publicado el Jueves, 25 de abril de 2013 por Andrea - Concilia2
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En el post de hoy, vamos a dar un repaso a los Derechos de la Mujer en España a través del punto de vista de tres mujeres de distintas generaciones. A través de Julia, Susana y Elena veremos tres momentos distintos de la historia española. Son tres mujeres que perfectamente podríamos encontrar en cualquier ciudad o pueblo de nuestro país.

Tres generaciones.

Tres generaciones.

Julia nació en 1925. Cumplió el Servicio Social Obligatorio, y en el colegio aprendió una materia muy habitual: Enseñanzas del Hogar. Se casa en 1945 con Manuel, su novio de toda la vida. Por supuesto, se casa por la Iglesia, ya que el matrimonio civil estaba prohibido. Nunca vivió sola ni tampoco viajó mucho. Julia debía vivir en el hogar familiar hasta que se casara, o hasta que se decidiera entrar en un convento. En aquella época el “hasta que la muerte nos separe” era una realidad. Tanto el divorcio como la separación estaba prohibidos. Las infidelidades de la esposa se pagaban con la cárcel. Ellos podían ser infieles siempre y cuando no se descubriera ni conviviera con su amante en la casa familiar. Además, si el marido descubría a su esposa siéndole infiel podría asesinarla, bajo pena de destierro. En el caso contrario, el crimen se consideraba un parricidio y la esposa pasaría toda su vida en la cárcel.

Julia dedica su vida al cuidado del hogar y a sus hijos. Al estar casada no podía trabajar en talleres ni industrias. Tampoco podía presentarse a algunas oposiciones, como por ejemplo, juez. Necesitaba a su marido para firmar un contrato de trabajo, sacarse el carné de conducir, tener pasaporte o abrir una cuenta en el banco.

Del matrimonio de Julia y Manuel nace Susana en 1950. Ella también estudió Enseñanzas del Hogar en el colegio. Se casa con David en 1972. Como su madre, no tiene derecho a divorciarse, ni a abortar ante un embarazo no deseado ni ante otra situación. En ningún caso, la patria potestad recae en la madre. Aún así, la situación de la mujer va cambiando poco a poco. Según la Constitución de 1978, no debe haber discriminación por ser mujer, pero la realidad social es muy, muy distinta. Se ha anulado la Licencia Marital, por lo que ya no es necesario el permiso del marido para firmar un contrato o abrir una cuenta bancaria. La mujer empieza a decidir sobre la planificación familiar, ya que pueden tomar anticonceptivos.

Elena nace en 1981. Tiene 32 años y dirige su propia pyme. Aunque es consciente de la diferencia de derechos entre su abuela, su madre y ella, también sabe que hay mucho por hacer. Ahora, Elena puede divorciarse y tener la patria potestad de sus hijos, abortar libremente antes de la semana 14, ser militar, legionaria, paracaidista y participar en operaciones especiales del Ejército. En realidad, puede trabajar en donde desee, aunque en la realidad es difícil ganar lo mismo que sus compañeros por el mismo trabajo realizado. Por ley, desde 2004, Elena está protegida íntegramente frente a las agresiones machistas, pero la violencia de género sigue siendo un gran problema en nuestra sociedad. Elena sabe los derechos que tiene y los que debería tener y lucha por ellos.

¿ Seguimos el camino hacia la igualdad? 

Fuente:  El País.